domingo, 12 de febrero de 2017

Coletos, cueras y búfalas


Hacia finales del siglo XVI se pusieron de moda una serie de prendas destinadas a aminorar el roce con la parte superior de las armaduras, algo similar a los antiguos jubones de armar, así como otras cuya misión sería sustituir a dichas armaduras para, a cambio de menos protección, proporcionar al combatiente mucha más movilidad, que a veces se defiende uno mucho mejor brincando y haciendo fintas que esperando la estocada en la confianza de que el arnés resistirá el golpe. Al cabo de no mucho tiempo, este tipo de prendas evolucionó conforme a las necesidades del momento, pasando a formar parte de la defensa pasiva de infantes y jinetes ya que, debido a la imparable proliferación de las armas de fuego, las armaduras empezaron a caer en una imparable obsolescencia. Por otro lado, las que se seguían fabricando eran cada vez más caras ya que el proceso de acerado, imprescindible para detener una bala de arcabuz, las encarecía de forma notable. Por ello, salvo la caballería pesada que aún siguió empleando las armaduras de fajas espesas a lo largo del siglo XVII, tanto la infantería como la caballería ligera prefirieron protegerse por una combinación de estas prendas con corazas y/o golas con el añadido de una borgoñota o un morrión para impedir a los enemigos desparramar sus vísceras y su masa cerebral por el suelo y ponerlas perdidas de porquería y boñigas procedentes de los gallardos pencos de los reitres.


En primer lugar, veamos el origen del primer palabro, coleto. Según la RAE proviene del italiano colletto, cuya primera acepción es collar al igual que en francés, collier (del latín COLLVM, cuello), que a su vez lo cede al alemán para designarlos en esa lengua como koller. Sin embargo, y a mi entender, esto no cuadra ya que una prenda similar a un jubón no tiene nada que ver con los pescuezos del personal. Pero si nos fijamos en otra acepción del italiano colletto nos encontramos con la palabra camisa, y aquí sí casa con el uso que se daba a dicha prenda ya que una camisa es algo que se viste bajo la ropa, siendo en este caso la ropa la coraza. De aquí que, siguiendo mi razonamiento, el término francés, al igual que el español, procede también del italiano por lo que no sería ningún dislate conceder la paternidad de los coletos a los probos descendientes del Imperio. En resumen, el coleto bien pudo ser adoptado por los Tercios de Nápoles y, de ahí, difundidos por Europa Occidental para evolucionar posteriormente incluso como indumentaria civil, vertiente esta que omitiremos porque se sale de nuestra temática. No obstante, citaremos a Legina para tener clara la definición española del coleto, que consistía en una prenda de piel, generalmente de ante, provista de faldones y que se usaba tanto para defensa como para abrigo, o sea, lo que vemos en la foto superior. Al parecer, su acabado estaba en consonancia con la categoría de su usuario ya que hay constancia de que se elaboraban coletos ricamente guarnecidos con telas de precio, bordados, etc., siendo los usados por gente de menos posibles lisos y sin ningún tipo de ornato.

Así pues, el tipo de coleto más primitivo sería una prenda ajustada, desprovista de mangas y con brahones o con mangas cortas y con un pequeño faldón para proteger la parte inferior del abdomen y la superior de los muslos. Su alto cuello estaba concebido para proteger esa parte del cuerpo tanto de las rozaduras producidas por la gola o la coraza como de un tajo de espada. Pero, además, con un tratamiento adecuado para endurecer la piel, el coleto podía servir de defensa contra los golpes de filo, y hacer las veces de armadura para piqueros o arcabuceros con pocos medios económicos, así como para su uso en la vida civil a la hora de salir a darse un garbeo nocturno por calles en las que en cada encrucijada te esperaban varios matasietes para escabecharte por mil razones o sin ninguna y, de paso, robarte hasta las lagañas y dejarte tirado en el arroyo como uno vino al mundo. En aquella época era fácil comprar la vida de un odioso cuñado por unos cuantos maravedíes, jeje...


En cuanto a las cueras, nos enfrentamos a un pequeño dilema: ¿era lo mismo que un coleto o, por el contrario, se trataba de una prenda diferente? Por su definición "oficial" se podría confundir con el coleto ya que era "una jaqueta de piel que se ponía sobre el jubón", especificando que una cuera de armar era la que se vestía bajo la armadura. Leguina concreta que la cuera podía ser tanto de piel como de tela, lo que se ve corroborado en multitud de representaciones artísticas de la época en las que aparecen personajes de postín ataviados con prendas de este tipo ricamente ornadas con ribetes, estofas y demás adornos propios de la gente de alcurnia. Un ejemplo lo podemos ver en la ilustración de la derecha, que pertenece a un detalle de la obra de Antonio de Pereda "El socorro a Génova por el marqués de Santa Cruz", pintado en 1634. El personaje de la derecha viste una cuera amarilla  festoneada bajo la que lleva un jubón. El del centro usa una similar pero de teñida de verde con la pechera bordada y cerrada mediante una interminable hilera de botones. Así pues, es evidente que no hay diferencias notables entre coletos y cueras salvo, si acaso, en la longitud de los faldones, más acusada en estas últimas. En cuando a las búfalas, serían una mera variante que se distinguía únicamente por el material con que estaban confeccionadas, en este caso piel de búfalo.


Arcabucero a caballo español plasmado por el
talentoso pincel de Ferrer Dalmau. Como vemos,
viste una cuera amarilla bajo la coraza
Pero, cuestiones semánticas aparte, de lo que sí podemos estar más seguros es que, a la vista de los testimonios gráficos que han llegado a nuestros días, la cuera fue la prenda militar que tuvo más popularidad a lo largo del siglo XVII y que, de hecho, en algunos países se convirtió en la base de lo que podría ser el germen de los uniformes militares. Quizás el ejército donde el uso de la cuera fue más significativo fue el inglés, cuya caballería, durante los años de la guerra civil, convirtió en un símbolo de identidad sus ironsides equipados con cueras amarillas sobre la que vestían una coraza y sus inconfundibles borgoñotas barradas. Básicamente hablamos de una prenda elaborada con pieles gruesas y resistentes, impermeabilizadas y provistas de mangas largas y faldones para proteger brazos y mulos de las cuchilladas propinadas por la infantería. No debemos olvidar que, aunque las armas de fuego se habían implantado en los ejércitos de aquella época, las espadas y las picas seguían siendo la base del armamento de los infantes, y que una moharra bien afilada lo aviaba a uno en un periquete.


En la foto de la derecha vemos a un probo ciudadano recreacionista vestido con una cuera sobre la que lleva una coraza. Los largos faldones de la prenda le cubren los muslos y los brazos de forma que los tajos de las armas blancas tendrán poco efecto sobre esas zonas gracias al grosor y la flexibilidad de la misma. Los acabados eran de lo más dispar, habiendo grandes diferencias entre las cueras confeccionadas para nobles y gente de posibles o los simples peones si bien eran por norma unas prendas caras. Por ejemplo, en Inglaterra una cuera monda y lironda costaba alrededor de 5 libras, mientras que un ejemplar de mejor calidad duplicaba ese importe, o sea, más dinero de lo que había que pagar por un coselete, cuyo precio era de 10 chelines y 6 peniques. Curiosamente, en el ejército sueco que tanta fama alcanzó en aquella época a raíz de la guerra de los Treinta Años, las cueras eran una prenda inalcanzable para la mayoría del personal, y solo los nobles muy pudientes se podían permitir pagar una importada del extranjero a pesar de que los alces eran muy numerosos en Suecia y que la piel de esos animales era la mejor para la fabricación de cueras. El motivo no era otro más que una antigua ley por la que todas las reses del reino pertenecían al monarca, así que nadie podía cazarlas para aprovechar sus pieles. Por ese motivo, mientras que un coselete corriente para la tropa costaban entre cuatro y cinco riksdaler (moneda anterior a la corona sueca actual), una cuera tenía un importe de entre 10 y 20. 


Su confección era laboriosa debido al grosor de las pieles que se usaban, de entre 1,5 y 5,5 mm., lo que no permitía el solapado de las piezas que componían la prenda, por lo que era preciso juntarlas y coserlas por los bordes con agujas curvas en direcciones distintas, pasándolas dos veces por el mismo orificio. Esta técnica se basaba en introducir la aguja por el borde y extraerla por el canto de la piel, formando los típicos cordones que se ven en el detalle de la foto de la izquierda, donde tenemos un ejemplo de cuera cuyas mangas estaban formadas por una de piel más fina cubiertas por otras más cortas y gruesas, de unos 5 mm. de espesor, con la cara interna del codo abierta para no restar flexibilidad al brazo. Eran prendas pesadas, y dependiendo del grosor de la piel empleada en su confección podía oscilar entre los 2 y los 3,5 kilos. En cuanto al interior, las cueras se forraban con lino o seda y una capa de tejido grueso entre el forro y la piel, lo que contribuía a mejorar la capacidad defensiva contra las armas blancas y, no lo olvidemos, contundentes. Las mazas y los martillos de guerra aún estaban en uso, y un buen relleno era la única forma de impedir que una de estas armas le partiera a uno un brazo o le dejara el codo convertido en sémola.


No obstante, también se fabricaban cueras sin mangas como la que vemos en la foto de la derecha. En este caso, la movilidad de los brazos no se veía mermada por la prenda si bien perdían la defensa que proporcionaba salvo que se vistiera bajo la cuera una camisa de malla. Para abrocharlas se recurría casi siempre a lazos o cordones pasados por ojales u orificios cuyo número era variable, pudiendo ir desde 14 a 34. Por otro lado, en los ejemplares que se muestran en la foto se ve la disposición de los faldones, que se solapan e incluso se abrochan sobre el opuesto mediante un gancho o una lazada para impedir que se abrieran, como vemos en la cuera sin mangas, la cual debía pertenecer a un infante ya que un jinete no podía cerrar dichos faldones por razones obvias.


A la izquierda vemos una cuera de postín similar a una de las mostradas más arriba, con las mangas cubiertas por otras de piel más gruesa. En la imagen se puede apreciar el forro en el interior del cuello que, como vemos, tiene una altura notable para proteger esa parte del cuerpo de los tajos enemigos. Así mismo, salta a la vista el generoso grosor de las sobremangas, que solo mediante una cuidadosa técnica de curtido alcanzaban la flexibilidad necesaria para no dejar a su usuario convertido en un Madelman más tieso que una estaca. Debemos tener en cuenta que las pieles de ante con que se confeccionaban en principio las cueras era excesivamente cara, por lo que se acabó imponiendo la de vacuno, mucho menos suave y flexible pero más barata. En primer lugar se empapaban las pieles con una solución de cal que eliminaba la grasa y los restos de carne. A continuación se raspaba hasta llegar a la dermis y, por último, se efectuaba un curtido a base de aceite de bacalao, para lo cual se sumergía la piel en un recipiente y se pateaba de la misma forma que se pisa la uva hasta impregnarla bien. Luego se colgaban y se dejaban secar, repitiendo el proceso de aceitado varias veces hasta que el maestro curtidor consideraba que había alcanzado el punto adecuado. Esta técnica era la que daba a la piel el característico color amarillo de las cueras y, además, las impermeabilizaba de tal forma que han llegado a nuestros días muchos ejemplares que, si hubiesen sido tratados mediante otra técnica, habrían desaparecido hace mucho tiempo.


En fin, esto es todo. Solo señalar que la vida operativa de estas prendas no fue más allá de mediados del siglo XVII. Su elevado precio no compensaba la protección que brindaba en unos campos de batalla donde los mosquetes acabaron por imponerse en detrimento de los añejos cuadros de picas, que poco podían hacer contra un enemigo que los fusilaba bonitamente a distancia. Un ejemplo palmario podemos verlo en la foto de la derecha, que muestra la cuera que vestía el rey Gustavo Adolfo de Suecia, que fue aliñado en la batalla de Lutzen el 6 de noviembre de 1632. En el costado derecho se puede ver el orificio de la bala que lo envió gloriosamente al Más Allá por no poder usar armadura debido a una antigua herida de bala en el cuello. Un reitre le endilgó un pistoletazo que lo derribó del caballo para, a continuación, ser herido por varias estocadas y rematado de un tiro en la sien que le pasó la cabeza de lado a lado, abriéndole un boquete del tamaño de una albóndiga. Sea vuecé rey para acabar así.

Bueno, ya tá.

Hale, he dicho

viernes, 10 de febrero de 2017

Las copias chinas de la Mauser C96


Tropas chinas entrenando con sus Mauser en 1938. Obsérvese
la canana para los peines de 10 cartuchos en la cintura
Creo que las entradas que hemos dedicado a las copias españolas de la famosa C96 quedarían cojas si no se añadiera una más dedicada a las realizadas en China ya que, al cabo, fueron sus conflictos civiles los que impulsaron a las empresas españolas a fabricar este tipo de armas para suministrar al insaciable agujero negro en que se había convertido el gigante asiático. El origen de todo estaba en la llamada Era de los Señores de la Guerra, un periodo que comenzó en 1916 y en el que decenas de facciones lideradas por militares de todos los pelajes se dedicaron a masacrarse bonitamente entre ellos durante décadas ya que, aunque oficialmente el conflicto acabó en 1928, la realidad es que aún perduró hasta los años 40. En cualquier caso, fue una guerra civil bastante compleja y no es este lugar para detallarla, así que bástenos saber que éste fue el precedente que hizo que China se convirtiera en el paraíso de todos los traficantes de armas del mundo, sobre todo durante los años 20.

Dos honolables guelelos a comienzos de la
guela civil. El de la delecha polta en su costado
una Mausel en su funda-culatín. Su apaliencia
es pelín anticuada, ¿veldad?
Debido a su contumaz aislacionismo, China andaba un poco retrasada en lo referente al armamento. A mediados del siglo XIX aún se mataban con flechas y arcabuces de mecha, y solo cuando los países occidentales empezaron a suministrarles armas modernas se dieron cuenta de que estaban más trasnochados que Drácula. No obstante, su capacidad industrial estaba aún muy lejos de cubrir la demanda nacional, y entraron en el siglo XX con una industria armamentística más antigua que el hilo negro. Así pues, y como el conflicto civil iniciado entre los tropocientos señores de la guerra que querían hacerse los amos del cotarro precisaba de un constante y abundante suministro de armas, no se complicaron la vida buscando diseños novedosos y optaron por copiar sin pudor alguno las armas que en aquel momento estaban consideradas como más actuales y eficaces. Antes del estallido de la guerra civil había en China 29 arsenales distribuidos por todo el territorio, de los que ocho disponían de maquinaria adecuada para la fabricación de armas de cualquier tipo mientras que los restantes se limitaban a la producción de piezas para las mismas, así como de llevar a cabo las reparaciones necesarias en las que se averiaban. De modo que, a la vista del panorama, no se andaron con rodeos y optaron por lo más rápido: importar la maquinaria y el utillaje necesarios para fabricar estas armas y contratar en el extranjero a personal cualificado que adiestrase a su mano de obra. De ese modo, el arsenal de Hanyang, un vasto complejo industrial de 16 Ha. de superficie, adquirió a la Ludwig Loewe el utillaje necesario para fabricar el fusil Mauser 1888, mientras que los arsenales de Kiangnam y Taiyuan hicieron lo propio con maquinaria y utillaje procedentes de Estados Unidos, Inglaterra y otras firmas alemanas. De hecho, en estos arsenales se llegaron a fabricar copias de la ametralladora Maxim MG-08 y del fusil ametrallador de origen checo ZB vz.26 que, por cierto, fue copiado en medio planeta incluyendo a España bajo la denominación de FAO (Fusil Ametrallador Oviedo) porque funcionaba estupendamente y mataba que daba gloria verlo.

Honolable chinita durante la invasión
japonesa de Manchuria Mauser al hombro
Por otro lado, los british (Dios maldiga a Nelson), en su empeño por decirle al resto de los humanos cómo y de qué forma debían asesinarse, impulsaron un embargo de armas contra China firmado el 5 de mayo de 1919 por Estados Unidos, Brasil, Portugal, Dinamarca, Bélgica, Italia, Francia, Japón y España. Alemania rechazó unirse a dicho embargo, si bien posteriormente se sumó al mismo. Pero, mira por donde, en las especificaciones del dichoso embargo no aparecían las pistolas semiautomáticas, motivo por el cual se pudieron suministrar cientos de miles de unidades durante todo el tiempo que duró el conflicto. Los chinos sentían verdadera pasión por las armas cortas, llegando incluso a efectuar modificaciones en algunos modelos como, por ejemplo, en la FN 1900 en calibre 7'65 mm, recamarándolas para que pudiesen disparar el mucho más potente 7'63 Mauser, lo que requería redimensionar la empuñadura ya que un cartucho de 7'63 medía en total 34'8 mm. de largo mientras que uno de 7'65 medía solo 25 mm. Incluso llegaron a ranurar las empuñaduras para poder adaptarles un culatín similar al de las Mauser.

Estas armas daban una notable ventaja táctica
en una época en que los ejércitos estaban
armados con fusiles de cerrojo
Pero el arma que fascinaba a los antiguos súbditos del Señor de los Diez Mil Años era la Mauser, y no ya por su elegante y peculiar aspecto, sino por algo mucho más prosaico: era una pistola que, en cuestión de segundos, se convertía en una eficaz carabina que, si además podía estar provista un selector de tiro que permitiese hacer fuego automático, disparaba un cartucho lo suficientemente preciso y con la contundencia necesaria para ser un eficiente sustituto de un subfusil, armas menos accesibles y bastante más caras a causa del embargo. Este fue, y no otro, el motivo de la enorme demanda de este tipo de armas que, aunque se desconoce la cifra exacta, se acercó al medio millón de unidades las cuales fueron suministradas por Mauser y las firmas españolas que vimos en las entradas anteriores más las producidas en los arsenales chinos. Para hacernos una idea de la magnitud de dicha demanda, el pedido inicial efectuado por el ejército de los Estados Juntitos a Beretta para su modelo M9 fue de 315.930 unidades a servir durante cinco años, y hablamos de un ejército a lo bestia y no de grupúsculos dirigidos por señores de la guerra. 

El arsenal de Hanyang hacia 1898
Bien, estos son grosso modo los hechos que tuvieron lugar para que la C96 fuera una de las principales protagonistas de las peleas entre chinos durante tantos años. Como ya dijimos anteriormente, no se complicaron la vida y se limitaron a fusilar tanto el modelo original alemán como las copias españolas que tanto éxito tuvieron por aquellas tierras lejanas, así que se dedicaron principalmente a producir la más básica, o sea, la versión con depósito fijo y capacidad para 10 cartuchos que era la más facilita. Los arsenales en los que se llevó a cabo la producción fueron los de Hanyang, Taiyuan y Taku si bien debemos tener en cuenta que, debido a la guerra, el número de fábricas menores aumentó de forma notable, lo que hace prácticamente imposible conocer la producción total entre otras cosas porque, para no delatar su existencia, estos pequeños talleres falsificaban las marcas y numeraciones o, simplemente, las omitían o falseaban sus propios registros para que, caso de que un ejemplar cayera en manos enemigas, nadie pudiera conocer su origen. Muy taimados los puñeteros chinos, ¿que no?

Esta diversificación de la producción dio lugar a grandes diferencias en la calidad y el nivel de acabado. Un ejemplo lo tenemos a la derecha, donde podemos ver dos fotos: la inferior, correspondiente a una Mauser original en la que no se aprecian marcas de mecanizado y que muestra una manufactura muy esmerada tanto en el acabado como en el grabado de la marca, y la superior, donde se puede ver lo descuidado de su pésima terminación, con descaradas señales del fresado, la omisión de cualquier detalle superfluo como el orificio de la palanca del seguro o incluso el punzonado de la marca, en este caso una "WAUSER" con la letra S al revés. Está visto que el chino que puso los punzones no estaba al tanto del alfabeto latino pero, temas ortográficos aparte, un técnico alemán sufriría un accidente vascular-cerebral fulminante solo con pensar que alguien pudiese profanar sus selectas armas dándoles un acabado tan cutre. Solo las Mauser producidas en plena guerra mundial tuvieron un acabado que no estaba a la altura de los baremos establecidos.

No obstante, debemos tener siempre en cuenta que el hecho de que se fabricasen pistolas con unos acabados pésimos no significa que todas fuesen así. De hecho, algunos de los  arsenales gubernamentales daban a sus armas unos niveles de calidad más de aceptables y, en algunos casos, incluso no tenían nada que envidiar a la de sus hermanas occidentales. Un ejemplo lo tenemos en la foto de la izquierda, que muestra una copia de una Bolo en la que se esmeraron ya que presenta una  buena terminación en los detalles que solían omitir los chinos, como por ejemplo el rayado de la empuñadura, que solían hacer con menos líneas, el fresado de la corredera, el moleteado de la palanca del alza y de la cabeza del cierre e incluso el espesor del guardamonte, por lo general más grueso y basto en las copias chinas.

Tropas nacionalistas chinas con sus Thompson
Cuestiones cualitativas aparte, los arsenales se esforzaron todo lo que pudieron para atender su propia demanda, lo cual no era cosa baladí ya que, además de las pistolas, debían fabricar fusiles, ametralladoras y millones de cartuchos mensualmente para poder abastecer a las tropas, así como morteros, piezas de artillería ligera y sus correspondientes municiones. Así, el arsenal de Hanyang logró alcanzar un total de unas 16.000 unidades entre los años 1922 y 1929, mientras que el de Taku solo produjo unos 4.500 ejemplares entre los años 1928 y 1933, todas ellas en calibre 7'63 y con el depósito de 10 cartuchos. En cuanto a la producción del arsenal de Taiyuan no hay datos que permitan conocer el número de unidades terminadas si bien fue en esta fábrica donde se produjo el que quizás sea el modelo más peculiar de las copias chinas, el denominado modelo 17, un arma reformada para disparar el .45 ACP.


El arsenal de Taiyuan estaba en la provincia de Shansi, territorio este bajo el control del señor de la guerra Zhang Zuolin (foto de la izquierda), conocido por propios y extraños como el Tigre de Mukden. Este sujeto mostró en todo momento especial interés por el progreso de su territorio impulsando reformas de todo tipo, desde campañas de alfabetización femenina a mejoras en la cuasi medieval red viaria de su territorio. Naturalmente, puso bastante empeño en que el arsenal, que había estado varios años inactivo debido a su pésimo rendimiento, se pusiera nuevamente en marcha y alcanzase unos niveles de calidad aceptables, cosa que logró gracias a la intervención de asesores alemanes contratados para tal fin para adiestrar a los 8.000 currantes del arsenal. De ese modo, pudieron alcanzar una productividad nunca vista anteriormente fabricando fusiles Mauser, ametralladoras Maxim y Vickers, copias de la Mauser en su configuración inicial y una copia del subfusil Thompson modelo 1921 además de cartuchería para dichas armas.


Hacia el año 1928, la provincia de Shansi se veía constantemente hostigada tanto por los demás señores de la guerra como por partidas de bandoleros que, entre otras cosas, llevaban a cabo fulminantes ataques contra los trenes por ser este el principal medio de transporte en aquella zona. Para defender dichos trenes iban tropas armadas con subfusiles Thompson de calibre .45 ACP y las omnipresentes copias de las Mauser de 7'63, calibre este que, como es lógico, se mostraba menos contundente que el .45. Así pues, Zuolin ofreció una prima a los diseñadores del arsenal de Taiyuan para que buscasen la forma de recamarar las Mauser a dicho calibre para, además de lograr más potencia, se facilitara el suministro de munición empleando el mismo cartucho en ambas armas. No les debió resultar complicado porque en 1920 ya se estaban produciendo bajo la denominación de Tipo 17, en referencia al número de años transcurridos respecto a la revolución de 1911. En las imágenes de la derecha podemos ver las marcas de fábrica: la foto A muestra las del costado izquierdo, donde se lee "Tipo 17", mientras que la B pertenece al costado derecho y lleva inscrito "Año 18 de la República. Fabricada en Shansi". 




En la foto superior tenemos a la criatura. Como se puede apreciar, su cañón de 15,5 cm. de largo es notablemente más grueso por razones obvias, siendo lo más significativo la modificación del depósito, que hubo que alargar alrededor de un centímetro por debajo del guardamonte para dar cabida a los 10 cartuchos del .45 que admitía. Esta pistola solo se fabricó con esta configuración y siempre semiautomática. Estuvo en producción hasta el año 1932, cuando habían sido fabricadas entre ocho y nueve mil unidades. Durante los escasos años que se produjo no hubo una uniformidad en los niveles de acabados según se aprecia en la imagen de la derecha. El ejemplar superior presenta un acabado muy burdo, con evidentes señales del mecanizado mientras que el de la foto inferior tiene un aspecto pulcro y esmerado. En cuanto a la funda culatín, también tuvo que ser modificada para dar cabida al depósito de munición, por lo que era más ancha que la correspondiente al modelo convencional.


Pistolas Mauser capturadas por las
tropas japonesas durante la invasión
de Manchuria
En fin, esto es lo que dieron de sí las Mauser chinas. No obstante, aún tuvieron tiempo de seguir prestando servicio durante la invasión japonesa de Manchuria en manos tanto del ejército regular como de las guerrillas que se dedicaban a hostigar a los nipones. Además, tras la Segunda Guerra Mundial y la retirada japonesa del territorio chino aún pudieron dar estopa a raíz de la guerra civil entre los nacionalistas y los comunistas. Le sacaron jugo a las Mauser, las cosas como son. Ah, por cierto, a título de curiosidad, los chinos apodaron a las Mauser como hézipào, que viene a significar cañón embalado en referencia a la funda culatín.

Bueno, ya está.

Hale, he dicho

martes, 7 de febrero de 2017

Las pistolas Mauser españolas 2ª parte


Miliciano durante la guerra civil mostrando a la cámara
su pistola, en este caso una MM31 con el armazón de
una MM34 provisto del mecanismo de retardo
Bien, prosigamos...

Unceta & Cía.

En la entrada anterior pudimos ver con detalle los modelos producidos por Beistegui Hnos. incluyendo la Super Azul fabricada por Eulogio Aróstegui y la MM34 que nunca fue, así que hoy hablaremos de la otra firma que entró en competencia por el mercado de este tipo de pistolas, la Unceta & Cía. Como recordaremos, este fabricante ya gozaba de una excelente reputación en el mercado armero gracias a su modelo 400 así como por haber fabricado la antecesora de esta, la pistola Campo-Giro, la primera semiautomática de diseño 100% español creada por el conde homónimo, don Venancio López de Ceballos y Aguirre. Al igual que Beistegui Hnos., tras el chollo de la Gran Guerra esta empresa puso sus ojos en el mercado exterior a principios de los años 20, y no tardaron mucho en tomar buena nota de la gran aceptación que tenían en China las pistolas Mauser, de modo que se pusieron manos a la obra para ofrecer un arma de aspecto similar pero con los mecanismos totalmente rediseñados para no tener problemas de patentes. El resultado fue una pistola que, como señalamos en la entrada anterior, salió al mercado bajo la marca Hope si bien esta denominación desapareció al poco tiempo para adoptar el nombre por el que sería conocida para siempre, Astra 900.

Modelo 900
La Astra 900 fue creación de Canuto Unceta, sobrino del fundador de la empresa, Pedro Unceta. Canuto optó por simplificar al máximo el mecanismo de disparo original de Mauser, un conjunto de piezas montadas en un bloque que podía extraerse por completo al desmontar la pistola. Eso hacía posible que no necesitase pasadores ni tornillería pero, al mismo tiempo, hacía más compleja la fabricación de estas piezas y, por ende, ascendía notablemente su precio. Aparte de cuestiones mecánicas, el modelo 900 salió al mercado con la configuración clásica de la Mauser, o sea, semiautomática y con depósito de munición para diez cartuchos de calibre 7'63 Mauser.

Así pues, el mecanismo de disparo se vio reducido, aparte de al gatillo y el martillo, a una simple biela y el fiador. El conjunto quedaba oculto por la característica tapa que toda la serie llevaba en el costado izquierdo y que podía ser removida para dejar a la vista los mecanismos en cuestión. De este modo, la Astra 900 se convertía en un arma estéticamente idéntica a la Mauser salvo por el detalle de la tapa, pero con el interior totalmente renovado para hacerla mucho más fácil de fabricar y, sobre todo, más barata, que eso de que a los chinos se les puede engañar como a un ídem es un camelo, y los mandamases de Kuomintang sabían latín. En la foto superior podemos ver el armazón con la tapa quitada dejando al descubierto los mecanismos de disparo, así como la palanca del seguro. Por lo demás, esta pistola fue comercializada en 1927, alcanzando hasta 1931, cuando se acabaron los envíos de armas a China, una producción de 9.050 unidades. Por cierto que los niveles de acabado y la calidad de los materiales de Astra superaban notablemente a los de Beistegui, que todo hay que decirlo.

Modelo 901
Una vez introducida la marca en el mercado internacional tuvieron que aumentar la oferta con una pistola con capacidad para tiro automático que mataban más y mejor. De hecho, el gran éxito obtenido por la Royal hizo ver a los de Astra que si querían mantener sus ventas en China no les quedaba otra opción. Para los que no lo sepan, convertir una pistola semiautomática en automática es fácil ya que solo hace falta una pieza que actúe sobre el fiador, que es la que bloquea el martillo al producirse el disparo impidiéndole que avance junto a la corredera. Básicamente, podemos decir que añadiendo el selector se bloquea o libera el fiador por lo que, si elegimos tiro semiautomático, al producirse un disparo el martillo quedará retenido hacia atrás y habrá que volver a apretar el gatillo para efectuar otro disparo. Si optamos por el disparo a ráfagas el selector no bloqueará el fiador y la pistola disparará mientras tengamos apretado el gatillo. 

En 1928 salió al mercado el modelo 901, que no era sino una 900 con el añadido del selector, nada más. Sin embargo, según podemos apreciar en la foto superior, dicho selector estaba colocado en el lado derecho debido a la chapa que tapaba los mecanismos, lo que hacía más incómodo accionarlo. Para ello habría que hacerlo con el dedo índice, cosa bastante molesta, o con la mano izquierda pero, en fin, no quedaba otra opción, así que así se quedó en toda la serie. No obstante, fue un buen inicio para las versiones automáticas de la Astra. De este modelo se fabricaron muy pocos ejemplares, apenas 1.655 unidades de las que 1.050 fueron a China, y como detallito curioso podemos añadir que en los primeros ejemplares las posiciones del selector estaban marcadas con las letras S y M, siendo luego sustituidas por los números 1 y 10, o sea, o tiro a tiro o los 10 de golpe. Por último, añadir que el mecanismo del selector fue patentado por la Astra en mayo de 1930.

Modelo 902
Está de más decir que Astra se encontró con el mismo problema que Beistegui a la hora de comercializar una pistola ametralladora con una capacidad de munición tan exigua, así que tuvieron que adoptar la misma solución: alargar el depósito para duplicar la capacidad del mismo. Así surgió el modelo 902, que además vio su cañón alargado 4 cm. hasta un total de 18. Y, al igual que su competidora nacional, se encontraron con el inconveniente de tener que emplear dos peines para cargar el arma sin que el cierre avanzase al extraer la lámina del primero, por lo que diseñaron un sistema de retenida para dicho cierre que lo mantenía abierto. Básicamente era bastante parecido al que usaron los de la Beistegui en la Royal pero, en este caso, mucho más elaborado y seguro, no siendo preciso ayudarse con la mano para mantenerlo abierto. Debió funcionar bastante bien porque no se andaron con chorradas y lo patentaron abril de 1932 para impedir que la competencia lo copiase.

Guardia de Asalto con una Astra 902 bajo el brazo.
Como se puede ver, lleva la funda culatín montada
No obstante, y como ya se comentó en la entrada anterior, el advenimiento de la república el 14 de abril de 1931 acabó con el negocio de la venta de armas al exterior. Así, la Astra se encontró con varios miles de unidades en los talleres que no pudo llegar a exportar a través de su sede de Shangai, la Astra-China Co. Ltd, y se quedaron en España 4.334 unidades terminadas y 1.850 en producción del modelo 900, 600 del modelo 901 y 796 terminadas y 1.625 en producción del modelo 902, lo que hacían un total de 9.205 pistolas, que no era moco de pavo. Con todo, fueron adquiridas para la Guardia de Asalto creada el 2 de febrero de 1932 las 600 unidades fabricadas del modelo 901 y 750 del 902 por un importe total de 204.000 pelas, que en aquella época era una pasta gansa. Al resto pudieron darle salida a base de echarle horas y horas de papeleo debido, como ya se comentó, a la recién instaurada obligatoriedad de solicitar una licencia de exportación. Y no les quedaba otra que aceptar aquel trágala porque las copias de la Mauser eran legalmente armas de guerra, así que estaban vedadas a los civiles. 

Modelo 903
Los convulsos inicios de la república, el fin de la guerra civil china y los inconvenientes para exportar armas supusieron el ocaso de la Beistegui Hnos. como ya vimos en la entrada anterior. Sin embargo, la Astra no se rindió y prosiguió su andadura, ayudada en gran medida por la producción de su modelo 400 que era reglamentario en el ejército español. Así pues, siguieron apostando por la serie 900 poniendo en el mercado la 903, un modelo que, al igual que ya hicieron antes los de Beistegui, estaba provisto de cargadores extraíbles de 10 y 20 cartuchos. 

Página del catálogo de Astra en la que aparece el modelo
903, que costaba en aquella época 160 Pts. o sea, 1 €
Estos cargadores tenían la particularidad de estar provistos de una acanaladura en su parte posterior para sustituir la pieza de la teja elevadora que bloqueaba el cierre al efectuar el último disparo. Además, se acortó en dos centímetros el cañón para hacerla menos aparatosa que su antecesora. Al poco tiempo de aparecer la 903 salió una variante, la modelo "E", a la que se había reforzado la corredera a la altura de la ventana de expulsión. Además, para facilitar la venta al extranjero, todas las 903 se empezaron a producir también en 9 Largo, .38 Super Auto y 9 Parabellum. De este modelo se fabricaron un total de 3.437 armas hasta que se finiquitó su producción en 1955. Dos mil de ellas fueron vendidas a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, lo que pone de relieve la calidad de la misma siendo como era la principal competidora de su Mauser. Otras 383 unidades fueron vendidas a diversos países, especialmente a Pakistán.

Modelo 904
Hacia 1933 se diseñó un nuevo modelo provisto de un mecanismo de retardo ya que, como le ocurrió a la Beistegui, la enorme cadencia de tiro no permitía un correcto control del arma ni del gasto de munición cuando se disparaba en ráfaga. Así pues, se creó el modelo 904 que, en realidad, solo fue una serie de apenas 9 prototipos para los que se recurrió a armazones del modelo 903 y correderas del modelo "E", añadiendo al conjunto el citado mecanismo de retardo que no tenía nada que ver con el que diseñó Luis Palomo para la MM34. En lo único que coincidían era en que ambos estaban instalados en la empuñadura, y en el caso de la 904 no permitía elegir varias cadencias sino que, a fin de simplificar el proceso de fabricación, se limitaba a reducir la cadencia de tiro desde los 800 dpm a 350.

Esta innovación fue la que permitió crear la que sería el cenit de las Mauser españolas, el modelo "F", la cual superó con creces los niveles de acabados y la calidad del producto final, logrando una pistola soberbia ya que, como se comentó en su momento, fue diseñada para desbancar a la MM34 en el concurso para suministrar un arma de este tipo para la Guardia Civil. Así, se tomaron las mejoras realizadas a lo largo del tiempo y se crearon soluciones para eliminar defectos, especialmente en el mecanismo de retenida del cierre que se adoptó en el modelo 903. Este sistema, que no era más que un remiendo para aprovechar armazones de los modelos con depósito fijo, obligaba a dar un fuerte tirón para sacar el cargador vacío debido a la presión que ejercía el muelle del cierre sobre la teja elevadora. Así pues, se diseñó un nuevo mecanismo que permitía manipular el cargador sin problemas ya que el cierre era bloqueado por una pieza independiente.

Vista del modelo "F" por el costado izquierdo
Por otro lado, el cañón se acortó hasta los 16 cm. y el alza estaba graduada de 50 en 50 metros hasta los 500, y no hasta los 1.000 de todos los modelos anteriores incluyendo los de Beistegui o la misma Mauser, que ya había que tener moral para pretender acertar a algo con una pistola así a más de 150 metros. Una vez pasadas las pruebas oportunas se aprobó la compra de 1.000 unidades, de las cuales fueron servidas 950 antes del estallido de la guerra civil. En proceso de producción quedaron 150 unidades más, lo que hace que este modelo, aún siendo el mejor de todos, fuese el que menos se fabricó. De hecho y tal como hemos comentado, tras la guerra la Astra siguió fabricando esta serie de armas hasta 1955 si bien solo dos modelos, el 900 y el 903. En cuanto a los modelos 901 y 902 se quedaron anclados con la contienda junto con la F.

Astra 900 absolutamente flamante de la muerte. Me dejaría depilar las
barbas en seco por pillarla, la adoptaría y hasta le daría mis apellidos
En fin, esta fue la historia de las Mauser fabricadas por Astra. En total salieron de la fábrica de Gernica 34.306 unidades incluyendo los nueve prototipos del modelo 904, siendo la relación de ejemplares fabricados como sigue: del modelo 900, 21.044. Del 901, 1655. Del 902, 7.075. Del 9o3, 3.437 y, finalmente, 1.126 del modelo "F" que incluyen las 950 entregadas a la Guardia Civil, las 150 que estaban en producción al comienzo de la guerra y 26 más que figuraban como numeradas pero de las que nunca más se supo. Como vemos, la producción total fue similar a la de Beistegui Hnos. si bien la vida operativa de las Astra fue más extensa, así como el número de mercados que abarcó. 

En fin, no creo que se me haya olvidado nada, así que se acabó lo que se daba.

Hale, he dicho

domingo, 5 de febrero de 2017

Las pistolas Mauser españolas 1ª parte


Guardia de Asalto cacheando a un probo ciudadano en
uno de los muchos disturbios que se vivieron durante
la república. En su mano se ve una Astra 903 con
cargador para 20 caruchos fabricada por Unceta y Cía. 
Sí, ya se que debería hablar antes de la Mauser original, pero entonces actuaría con orden y método, cosas de las que abomino. Así pues, dedicaremos esta entrada a las que fueron las principales competidoras de la firma de Oberndorf, las cuales no solo no tenían nada que envidiar al producto tedesco sino que, además, incorporaron una serie de mejoras que puso de los nervios en más de una ocasión a los técnicos de la Mauser. 

Apostaría dos centímetros de mis augustas barbas a que cualquier aficionado a las armas considera este diseño como uno de los más atrayentes de toda la historia de las armas de fuego. Eran grandes, su cargador delantero las hacía poco cómodas para portarlas, y la capacidad de los cargadores de los primeros modelos no era precisamente para tirar cohetes. Sin embargo, su aspecto agresivo y a la par elegante, su peculiar empuñadura o su funda culatín la convirtieron en un arma mítica por las que actualmente se pagan cifras bastante jugosas entre los coleccionistas. De hecho, negaría a un cuñado la satisfacción de ser aliñado por una Mauser ya que los que fenecen por una de ellas van derechos al cielo con catorce indulgencias plenarias. En fin, que son la releche de bonitas. Bueno, al grano...

Pistola tipo Ruby calibre 7'65. Decenas de miles de
pistolas similares fueron fabricadas por las empresas
eibarresas con destino a la oficialidad gabacha
Como ya hemos comentado en alguna que otra ocasión, la Gran Guerra supuso una época dorada para la industria armera eibarresa. Los pedidos procedentes de los aliados, especialmente de los gabachos, superaban incluso la capacidad de producción de las empresas hispanas hasta el extremo de que había que recurrir a cualquiera con los mínimos conocimientos y utillaje para fabricar las 50.000 armas mensuales que llegó a contratar el ejército francés, lo que hizo que se fabricaran pistolas poco menos que hasta en los zaguanes de las casas. Sin embargo, todos los chollos acaban algún día, por lo que los fastuosos contratos dejaron de llegar cuando los germanos dieron de mano y se largaron a casa más mohínos que un cuñado al que no le abren la puerta cuando va a dar un sablazo. Así, multitud de pequeñas empresas a las que sobraba el trabajo gracias a las subcontratas se vieron de la noche a la mañana con una mano delante y otra detrás, y las grandes empresas con su futuro seriamente comprometido.

Chino posando para la propaganda del
Kuomintang pistola y espada en mano
Algunas de esas firmas no se resignaron a admitir sin más las negras perspectivas que se cernían sobre la otrora pujante industria armera, así que se pusieron las pilas y, a principios de los años 20, se dedicaron a buscar nuevos mercados donde vender sus armas. Al cabo, siempre había (y hay, naturalmente) alguna guerra por ahí donde hacer jugosos negocios para que el personal se pudiera masacrar bonitamente con armas de buena calidad, que matan más y mejor. Así pues, los dos principales mercados a los que dirigirse eran los países sudamericanos, que no acababan de serenarse, y China, donde una rentable guerra civil prometía proporcionar pingües beneficios ya que, habiendo mogollón de chinos, aquello podía durar la torta de años hasta que no quedaran chinos que matar. Por otro lado, el mercado de los Estados Juntitos siempre era especialmente atractivo gracias a sus permisivas leyes en cuestiones de armas, así que los tiempos de sacar jugo exclusivamente a los mercados nacionales pasó a la historia. Como vemos, eso de la globalización no es un invento de anteayer, y los jefes de ventas de Beistegui Hnos. y Unceta y Cía. se compraron enormes baúles para poder pasar meses lejos de casa y, con la cartera repleta de billetes para untar manos de ministros, generales y demás fauna sobornable, se fueron a abrir nuevos mercados en un mundo que, a pesar de lo visto en la Gran Guerra, seguía empeñado en intercambiar opiniones de forma asaz violenta.

Página del catálogo de Beistegui Hnos.
en la que muestran la Royal con su culatín
Beistegui Hermanos (¿recuerdan vuecedes las bicis B.H.? Son la misma empresa) era una firma radicada en Eibar en 1909 que floreció rápidamente gracias a sus copias de los revólveres Smith&Wesson, unas armas de una calidad bastante decente para lo que había en la época, así como las famosas pistolas tipo Ruby que comercializaban con las marcas B.H., Bulwark y Royal. Tras la guerra, esta empresa estableció una serie de contactos con agentes comerciales alemanes que, a pesar del descalabro bélico, seguían forrándose gracias al prestigio armero alemán, que les permitía seguir abriendo mercados por todo el mundo. Fueron estos agentes los que facilitaron a los Beistegui el acceso al mercado americano y, sobre todo, al gran chollo de los años 20, China, a través de la firma japonesa Nippon Boeki, que se dedicó a vender a sus vecinos de ojos rasgados miles de pistolas Ruby. Fue a través de estos por los que los Beistegui se enteraron de que la Mauser se estaba poniendo las botas vendiendo a los chinos cantidades masivas de su C96, arma por la que estos asiáticos sentían al parecer una especial predilección.

La fábrica de Unceta y Cía. en los años 20
En cuanto a la firma Unceta y Cía, surgió inicialmente en Eibar como Esperanza, Unceta y Cía en 1908. En 1913 se trasladaron a Gernica donde, además de las consabidas Ruby para los gabachos comercializadas con la marca Victoria, empezaron a fabricar en los años 20 el modelo 400 bajo la marca Astra con la que pasaría a la historia. En 1926 la sociedad se disolvió, pasando Esperanza a la fabricación de morteros para infantería, y Unceta optó por seguir manufacturando armas cortas. Así, con la colaboración de su sagaz representante Ernst Borchers, lograron también introducirse en el mercado chino con una versión de la Mauser con la marca Hope (Esperanza en inglés), que ya usaban desde los tiempos de su sociedad anterior. Posteriormente sustituyeron dicha marca por la denominación del modelo, en este caso designados como 900. Los envíos de pistolas comenzaron en 1928, con lo que los chinos se pusieron la mar de contentitos por poder darse estopa con unas armas tan guays. De hecho, se vendieron en China más pistolas tipo Mauser, originales o no, que en resto del mundo.

Mauser C96 original. Obsérvese que el cañón y la corredera
forman una sola pieza. Esto suponía un complejo proceso de mecanizado
que repercutía en el precio del arma
Para terminar con esta introducción hay que aclarar una serie de aspectos que puede que más de uno ignore. Por su aspecto, cualquiera podría afirmar que las Mauser españolas no eran más que un mero fusilamiento del original alemán y que, aprovechando alguna laguna legal, se dedicaron a fabricar viles copias de mala calidad para mercados ansiosos de armas cortas. Pues nada de eso. En lo único que coincidían era en su apariencia externa ya que los mecanismos de unas y otras diferían notablemente y, de hecho, los modelos españoles estaban fabricados de forma que se reducían de forma sensible las horas de mano de obra, logrando así abaratar el producto sin perder por ello calidad. Esto, en un diseño que requería para su manufactura partir de una sola pieza de acero mecanizado para extraer el cajón de mecanismos incluyendo la empuñadura no era un tema baladí ya que entre esa pieza y el cierre se llevaban una parte notable del costo total del arma. Otrosí, cuestiones meramente mecánicas, la calidad y los acabados de algunos de los modelos españoles eran de primera clase, y estaban a la altura de los originales hasta el extremo de que la Mauser vio como la competencia establecida por estas armas mermaba sus ventas en todos los mercados, especialmente el chino.

Veamos a continuación los diferentes modelos de ambos fabricantes.

Beistegui Hnos.

Mod. Royal 1ª versión

A la derecha tenemos un ejemplar de esta versión inicial que fue designada con el nombre de Royal ya que esta marca gozaba de bastante popularidad en China gracias a las cuantiosas ventas efectuadas del tipo Ruby comercializadas con dicho nombre. Las dos principales diferencias con la Mauser original consistían en que las piezas del mecanismo estaban fijadas a las paredes del armazón, como salta a la vista por los tornillos y pasadores que se ven en los costados del arma. La otra, más importante ya que permitía esquivar sin problemas la patente original, estaba en el cierre. El de la Mauser era de forma cuadrangular, lo que suponían más mecanizados tanto para elaborar la pieza como para dar forma al interior de la corredera para alojarlo. Sin embargo, el de la Royal era una pieza cilíndrica que solo requería perforar dicha corredera sin más historias, reduciendo en gran medida el tiempo de mecanizado de esta parte del arma. Por lo demás, la Royal tenía, al igual que la original, un depósito fijo para 10 cartuchos calibre 7'63x25 mm. más conocido como 7'63 Mauser. La longitud del cañón era de 14 cm. si bien se fabricaron también de 16 y 18. Este último es el que mostramos en la foto superior.

Mod. Royal 2ª versión

Este modelo surgió en 1927 aprovechando el éxito comercial de la anterior pero con la posibilidad de hacer fuego a ráfagas, lo que supuso un pelotazo entre los belicosos chinos. A nivel mecánico era igual a su hermana semi-automática pero con el añadido de un selector colocado en su costado izquierdo que permitía disparar de ambas formas, colocando la palanca del mismo en las posiciones de "MF" o "NORMAL" según se quisiera disparar de una forma u otra. Con todo, la enorme cadencia de tiro de esa pistola, unos 850 dpm, la hacían poco controlable y, por otro lado, su escasa capacidad de munición solo permitía que se pudieran efectuar a lo sumo un par de ráfagas siempre y cuando el tirador estuviese bien entrenado en el manejo del arma. 

Mauser modelo 712 Schnellfeuer, palabro cuasi
impronunciable para un cristiano que viene a significar
literalmente fuego rápido
En cualquier caso, el enorme éxito de esta pistola obligó a la Mauser a poner en el mercado una contrapartida ya que la firma alemana no ofrecía su C96 con la posibilidad de efectuar fuego automático, por lo que, aprovechando que la Beistegui no había patentado el mecanismo por no haber sido en realidad ideado por ellos, se limitaron a adquirir varias pistolas Royal para enviarlas a Oberndorf y ponerlas en manos del equipo técnico dirigido por Joseph Nickl, que patentó su modelo 712 Schnellfeuer en noviembre de 1930. Esta pistola se ofrecía con cargadores extraíbles para agilizar el proceso de recarga (recordemos que estas pistolas se cargaban con peines) de 10 y 20 cartuchos. Como vemos, la iniciativa española puso las peras a cuarto a los padres de la criatura, que vieron como sus competidores se adelantaban nada menos que tres años poniendo en el mercado una pistola ametralladora que tuvo un exitazo bestial.

Mod. Royal 3ª versión

La elevada cadencia de tiro obligó a aumentar la capacidad del cargador ya que, como hemos comentado más arriba, con solo 10 cartuchos se quedaba uno sin munición en un periquete. Por lo tanto, se empezó a fabricar una nueva versión cuya única diferencia con el modelo anterior era la capacidad del cargador, en este caso de 20 cartuchos. Sin embargo, el cargador no era separable por lo que la recarga implicaba introducir dos peines de 10 cartuchos sucesivamente, maniobra esa que consumía más tiempo de la cuenta. Sin embargo, esto no supuso ningún inconveniente de cara a las ventas ya que la Mauser aún tardaría tres años en lanzar su modelo 712. En total se fabricaron unos 23.000 unidades de la Royal, la inmensa mayoría de las versiones 2ª y 3ª, y la práctica totalidad de la producción fue engullida por el voraz mercado chino entre los años 1927 y 1929. Por cierto que el modelo semi-automático fue patentado en España, llevando el número de la patente bajo la marca Royal grabados en el costado izquierdo del armazón.

M.M.31 de la primera versión con depósito para 10 tiros
Modelo Militar 31

Más conocida como MM31, esta versión salió al mercado en 1930 como un derivado de la Royal en la que se procuró mejorar el nivel de acabados de esta serie, un tanto mediocre, además de recurrir a una materia prima de más calidad, en este caso acero manufacturado por la empresa austriaca Böhler. La MM31 adoptó un aspecto muy similar al del modelo original ya que el sistema de tornillos pasantes fue enviado al baúl de los recuerdos, y en los costados no solo desaparecieron las cabezas de los tornillos, sino que se fresaron con las típicas molduras de la C96 si bien, para evitar errores de identificación, en el costado izquierdo llevaba grabado el nombre del modelo dentro de un óvalo tal como podemos ver en el detalle de la foto superior. Pero el cambio más significativo fue el efectuado en la pieza del cierre, cambiando la cilíndrica de la Royal por una similar al de la Mauser ya que el sistema anterior, aunque más fácil de producir, daba problemas de interrupción. Por otro lado se decidió fabricar el cañón de forma separada a la corredera, atornillando el primero en la segunda para facilitar y abaratar la producción. Recordemos que las armas fabricadas por los tedescos en aquellos años estaban diseñadas en base a primar por encima de todo la calidad del producto costase lo que costase e invirtiendo en mecanizados todas las horas precisas para obtener un producto soberbio.


Al igual que la Royal, la elevada cadencia de tiro obligó a fabricar una segunda versión con depósito para 20 disparos y que, al igual que su antecesora, requería de dos peines para cargarla ya que el depósito de munición era fijo. Este sistema, como ya comentamos anteriormente, complicaba la recarga del arma ya que, como era habitual en cualquier arma alimentada por peines fusiles incluidos, estos se colocaban en una muesca situada en la parte superior de la corredera para que no se movieran mientras se empujaba hacia dentro la munición. 


Pistola Mauser original con el peine preparado para cargarla.
Al retirar el peine vacío el cierre avanzaba introduciendo un
cartucho en la recámara y dejando el arma amartillada lista
para disparar
Al retirar el peine ya vacío se cerraba de forma automática el cierre, dejando la pistola cargada y lista para abrir fuego. Pero en este caso aún había que introducir un peine más, por lo que se proveyó al cierre de un resalte en su parte inferior para que la presión ejercida por el martillo en su posición más retrasada durante el proceso de carga impidiera que se cerrase al extraer el peine. Sin embargo, este sistema no se mostró fiable, así que había que sujetar el cierre con la mano mientras se sacaba el peine vacío y se introducía el siguiente en la muesca de la corredera para no tener que reiniciar todo el proceso. Por otro lado, aunque su apariencia era idéntica a la de la versión anterior, en realidad era más grande y pesada: 33 cm. de larga por 29 de la primera versión, y 1'6 kilos por 1'4, lo que convertían a la MM31 de 20 tiros en un bicharraco acojonante.


Los inconvenientes de la recarga a base de peines hizo necesario fabricar una tercera versión con cargadores extraíbles similar a la 712 de Mauser. En sí no eran un modelo de nuevo diseño sino una mera adaptación de lo que ya había ya que esta pistola no era más que la de la primera versión pero con la tapa del depósito eliminada para poder introducir un cargador de 10, 20 o 30 cartuchos, para lo cual estaba provista también de un botón expulsor en el costado derecho. Las fundas culatines de estas pistolas de mayor capacidad, ya fueran de depósito fijo o cargador extraíble, tenían una abertura en la parte inferior para poder introducir el arma. Además, para protegerlas de la suciedad o la lluvia estaban provistos de una caperuza de cuero sujeta mediante broches que había que quitar cada vez que se sacaba o se metía el arma, lo que no dejaba de ser un poco coñazo, pero era lo que había si se quería preservar la pistola.


Aún hubo una cuarta versión de la MM31 que, esta vez sí, estaba rediseñada, pero para acoger el cargador original de Mauser en vez del fabricado por la Beistegui. Aparecido a finales de 1931, en este modelo se eliminaron los moldurados donde se grababa la marca si bien este detalle permaneció vigente. Así, la marca Royal siguió figurando junto al número de patente original en el costado derecho del armazón para que sus ávidos clientes chinos no pensaran que les estaban dando gato por liebre. Por otro lado, esta pistola se fabricó, además del calibre original de 7'63 mm., en 9 Largo y .38 Super Auto, un cartucho prácticamente igual al anterior pero con semi-reborde en la vaina y que era muy usado en los Estados Juntitos. 


MM31 de la cuarta versión con su funda culatín
Sin embargo, esta versión no nació con buen pie ya que la república implantada aquel mismo año empezó a poner pegas a la fabricación de este tipo de armas, obligando además a solicitar una licencia de exportación por cada modelo que se desease vender lo que implicaba un control sobre el comercio de armas que antes no existía, permitiendo a las empresas de este sector suministrar a medio mundo sin tener que dar explicaciones a nadie. Esto, unido al final de la guerra en China, supuso el ocaso de Beistegui como fabricante de armas, empezando a fabricar bicis en el año 32 hasta que, finalmente, a raíz de la guerra civil finiquitaron la fábrica de armas al quedar arrasada la misma. La producción de las cuatro versiones de la MM31 alcanzó las 10.000 unidades que, al igual que en el caso de la Royal, fueron en su mayoría enviadas a matadero chino. En todo caso, desde que liquidaron la fabricación de pistolas solo se dedican al tema ciclista, que por cierto les ha ido bastante bien porque, ¿quién no ha tenido una B.H.?

Bien, esta fue la producción de Beistegui Hnos. que, como vemos, sacaron bastante jugo a las peleas entre chinos. Pero antes de dar por concluido lo referente a esta firma debemos hacer mención a dos modelos más que mantuvieron una estrecha vinculación con la misma. Nos referimos a la Super Azul y la MM34. 


Revólveres Velo-Dog
La Super Azul era, por así decirlo, una copia de la MM31 fabricada por una pequeña empresa de Eibar propiedad de Eulogio Aróstegui, que actuaba como subcontratista de Beistegui debido a la demanda que, según hemos visto, tuvieron sus armas durante casi una década. Aróstegui se había dedicado desde siempre, como la inmensa mayoría de las fábricas de armas de Eibar, a manufacturar las omnipresentes pistolas tipo Ruby en calibre 6'35 y 7'65 mm., copias de los revólveres Smith&Wesson en calibre .32 destinados al mercado civil como armas de defensa personal, así como revólveres tipo Velo-Dog, unas pequeñas armas fabricadas casi siempre en calibres de percusión anular sin pólvora ideados, como puede que alguno ya haya deducido por su nombre, para espantar a los chuchos cuando el personal iba de un lado a otro en bicicleta. Su misión no era matar al perro, pero si darle un buen susto y causarle una pequeña herida que le quitase las ganas, como es frecuente en muchos cánidos, de avanzarse contra los ciclistas. Generalmente, estas miniaturas carecían de guardamonte y tenían el gatillo plegable y el martillo oculto para evitar enganchones en la ropa al extraerlas Estas armas se comercializaban bajo las marcas E.A., Azul y Oscillant Azul.


Debido a la demanda que tenía la Beistegui, estos tuvieron que recurrir a subcontratas para la fabricación de piecerío y así, hacia 1930, contactaron con Aróstegui el cual, además de emprender la manufactura de piezas para la MM31, se sumó a la producción de dicha arma pero bajo su propio nombre comercial Azul con el que marcaba sus productos. En sí, la Super Azul, nombre bajo la que salió al mercado su versión de la MM31, era idéntica a la misma salvo por el grabado del costado izquierdo, tal como podemos ver en la foto de la derecha. Esto no quiere decir que Aróstegui se valiese de los canales de ventas de la Beistegui para vender sus armas sino que sus pistolas se comercializaban como si fueran de esta firma ya que la Super Azul era una MM31 de la cuarta versión. Otra cosa es que entre ellos hubiesen pactado respetar la marca de Aróstegui de cara a hacerse un lugar en un mercado que, hipotéticamente, podría durar décadas, cosa que no ocurrió. En todo caso, la guerra civil acabó con la trayectoria de Eulogio Aróstegui en 1937, cuando las tropas republicanas arrasaron todas las fábricas de armas de Eibar antes de batirse en retirada ante el avance de las tropas nacionales para que estos no pudieran aprovecharlas en beneficio propio.


En cuanto a la MM34, esta pistola surgió del ingenio de Luis Palomo Puyol a raíz del interés mostrado a principios de los años 30 por parte de la Guardia Civil por adoptar un arma de este tipo. Como ya podemos imaginar, eso de ir por el mundo con una pistola cuya cadencia de tiro vaciaba el cargador en menos de un segundo no estaba bien visto por los mandamases de una fuerza policial civilizada, así que el invento de Palomo vino de perlas para, previo acuerdo comercial con la Beistegui, poner en producción una versión de la MM31 adaptada para cumplir los requerimientos de la Benemérita.


Mecanismo retardador de la M.M.34
A la izquierda podemos ver el invento en cuestión. Básicamente consistía en un curioso y a la par eficiente mecanismo neumático capaz de retardar la cadencia de tiro mediante la pequeña palanca que emergía por el lado izquierdo de la empuñadura, lo que permitía accionarlo cómodamente con el pulgar. Dicho mecanismo salía de fábrica regulado por defecto para tres cadencias: una más lenta de 2/3 disparos por segundo, otra de 5/6 y una última de 9/10 que el tirador podía seleccionar colocando la palanca en la posición correspondiente. No obstante, era fácil regular a voluntad la cadencia aflojando el tornillo que sujetaba la palanca y volviéndolo a apretar en la posición deseada. Por otro lado, este mecanismo podía ser colocado en cualquier pistola de las fabricadas por Beistegui con unas mínimas modificaciones.


Aspecto de la M.M.34 con su funda culatín
Pero lo más característico de esta pistola eran los anillos de refrigeración que ocupaban los dos primeros tercios del cañón, destinados a aminorar el calentamiento producido cuando se disparaba a ráfagas, lo que obligó a recrecer el punto de mira colocándolo sobre una anilla. El sistema de refrigeración por aire, aunque feo de cojones, era eficaz tal como quedó demostrado en las pruebas efectuadas a tal fin, consistentes en disparar 5.000 cartuchos seguidos en modalidad ráfaga, tras lo cual la temperatura del cañón no subió de los 180º. En cuanto a los calibres, se previó producir el arma para 7'63 Mauser, 9 Largo, 9 Parabellum y 7'65 Parabellum, con la posibilidad de emplear cargadores de 10, 20, 30, 40 y 50 cartuchos.


Aspecto de la Astra F. En el detalle podemos ver el
mecanismo de retardo que, al igual que en la MM34,
se encontraba en la empuñadura
Sin embargo, la elección final recayó sobre la competidora de este tipo de armas a nivel nacional, la Astra, concretamente en su modelo "F", provista de un mecanismo de retardo más simple pero no por ello menos eficaz que el planteado por Beistegui ya que lograba reducir la cadencia a solo 350 dpm. No permitía regulación, pero eso era en realidad un refinamiento superfluo para un arma de servicio y, además, reduciría notablemente los costos de producción. Sea como fuere, la cosa es que la Astra se llevó el gato al agua si bien el contrato tampoco era para volverse loco ya que ascendió a 1.150 unidades. En cuanto a la MM34, nunca llegó a ser producida en serie, y los ejemplares que han llegado a nuestros días son los fabricados para pruebas y demostraciones.

Bueno, vale por hoy, que ya he tecleado bastante y, además, es hora de prepararme espiritualmente para el sacrosanto yantar. En la siguiente entrada proseguiremos con esta interesante temática dando cuenta de las Mauser hispanas producidas por la firma Astra, que tuvieron mucha más proliferación a nivel nacional que las salidas de la fábrica de Beistegui Hnos.

Hale, he dicho

Continuación pinchando aquí


Foto de la guerra civil que plasma el momento en que tropas republicana asaltan una posición enemiga. El hombre del
centro lleva una pistola tipo Mauser con el culatín, lo que le sería de gran ayuda a la hora de usarla como pistola
ametralladora para limpiar las trincheras enemigas