No creo equivocarme si afirmo que, hasta la inope juventud producto de la ESO, sabe quién fue Rodrigo Díaz o, al menos, lo conocen por alguno de sus motes: el Cid o el Campeador. Este épico personaje, prototipo de las virtudes hispánicas, el más fiel vasallo, el más fiero guerrero para los castellanos y, por otro lado, el Azote de Alláh, la Ira de Dios, el tirano, el perro enemigo para los musulmanes es, sin duda, el más desvirtuado y alejado de la realidad de nuestra historia. Quizás más acertados estaban los musulmanes de su época. Ibn Bassam, un historiador andalusí natural de Santarém (Portugal, aunque en aquel tiempo en la taifa de Badajoz), escribió sobre él en su "Tesoro de las hermosas cualidades de la gente de la península":
"...(era) por la práctica de la destreza, por la suma de su resolución y por el extremo de su intrepidez, uno de los grandes prodigios de Alláh."
Gran culpa de ello la tiene el Cantar de Mio Cid, una obra épica compuesta allá por el siglo XII por un anónimo trovador que, eso sí, digamos que creó la primera obra propagandística de la historia, dando pié con ello a una serie de bulos que la mayoría de la gente toma como artículo de fe. No voy a contar aquí la vida y milagros del belicoso infanzón, que para eso ya hay abundante bibliografía. En especial, sugeriría la que escribió Martínez Díez, muy recomendable para conocer a fondo tanto los hechos como la verdadera personalidad de nuestro héroe nacional por excelencia, al que se le atribuyen todo tipo de virtudes caballerescas. Así pues, me limitaré a contrastar los camelos que la mayoría de la gente toma por ciertos, y que no lo son. Vamos a ello…
Antes de nada, el origen de sus motes:
Rodrigo Díaz, o sea, Rodrigo hijo de Diego, parece que ya era conocido como Campidoctor o Campidoctoris cuando sirvió como armiger o alférez real al servicio del rey don Sancho, su compañero en la schola regis, en la que se educaron juntos, y principal protector por haber sido paje suyo. De hecho, incluso lo apadrinó cuando fue armado caballero a la temprana edad de 14 años. El término campidoctor podría traducirse como estratega, dando fe de sus méritos en las luchas por aunar las coronas que el padre de don Sancho, el rey Fernando I, repartió entre su progenie. Así pues, Campeador no es más que la forma moderna de ese término.
En cuando a lo de Cid, es posterior. Cid o, mejor dicho, Çid, es la corrupción fonética del árabe “sayiddi” o señor, y fue el apelativo con que lo aclamaron los moros de la taifa de Zaragoza cuando, sirviendo a su emir al-Muqtadir, retornó glorioso de vapulear al conde de Barcelona. Tanto al-Muqtadir como los vecinos se adelantaron varias leguas para salir a recibirle mientras lo jaleaban gritándole: ¡¡Sayiddi, sayiddi!!.
Ah, y firmaba como "Ego, Ruderico" (Yo, Rodrigo). Así que nada de "Roy" o "Ruy". Su nombre era Rodrigo, y como tal se autodenominaba él mismo. Los musulmanes, aparte de llamarlo "perro enemigo", usaban la corrupción fonética del castellano "Rodrigo el Campidoctor" al árabe: Ludrik al-Kabayatur.
Rodrigo Díaz mata en duelo a su suegro, el conde Lozano o conde de Gormaz:
Eso de matar al suegro está muy feo, y más si es antes de la boda. Según la leyenda, el conde, que dicho sea de paso, no era ni Lozano ni de Gormaz, sino de Oviedo, afrenta a Diego Laínez cuando el rey Fernando designa a éste como preceptor del infante don Sancho, cargo que el conde esperaba para sí, tras lo cual Rodrigo le pide satisfacción y lo liquida en un duelo a muerte. Absurdo tanto en cuanto en esa época, con nuestro héroe a punto de casarse, es obvio que el infante no precisaba de preceptores, ya que era incluso unos diez años mayor que él. En realidad, su matrimonio con Jimena Díaz fue lo que hoy se conoce como un braguetazo ya que la dama en cuestión era de un linaje superior al de Rodrigo, que no pasaba de ser un simple infanzón. De hecho, Jimena estaba emparentada con la casa real castellano-leonesa.
La jura de Santa Gadea:
A pesar de los poemas épicos tan molones sobre la jura del rey Alfonso y lo solemne que suena eso de “...sobre un cerrojo de fierro et una ballesta de palo, allí tomó juramento Mio Çid al rey castellano”, ni hubo tal jura, ni la tomo Rodrigo Díaz. Sí es cierto que siempre planeó sobre don Alfonso la sombra de la duda de su posible implicación en el asesinato de su hermano Sancho ante los muros de Zamora, pero en aquel momento don Alfonso estaba exiliado en Toledo, bajo la protección de su emir, que era vasallo de la corona castellana. Doña Urraca, que urdió el regicidio y de la que se dice sentía por su hermano Alfonso algo más que amor fraternal, no creo que necesitase aliados para ello. Era una hembra sobradamente bragada para llevar a cabo su complot. Don Alfonso se limitó, como todos los monarcas de la época, a jurar los privilegios y fueros de la Iglesia, la nobleza y demás. Rodrigo no fue desterrado por tomar un juramento que, obviamente, no tomó. Siendo como era, a pesar de su origen y de que los nobles de la época eran casi todos analfabetos, un hombre culto, tras la coronación del rey se dedicó a sus asuntos y, a veces, ejerció como juez por su conocimiento de las leyes del reino.
El destierro de Rodrigo Díaz:
Como se ha dicho, no fue por tomar juramentos regios. En gran parte fue por la enemistad que sentía por García Ordóñez, uno de sus más enconados enemigos y al que se la tenía jurada. Nuestro héroe fue enviado a la taifa de Sevilla a cobrar unos tributos atrasados, porque los moros solían ser bastante morosos. Mientras permanecía en Sevilla, una hueste de la taifa de Granada hizo acto de presencia a dar guerra, porque deben saber que entre los moros se llevaban quizás incluso peor que con los cristianos. Y en dicho ejército estaba Ordóñez, al cual le presentó batalla en Cabra (Córdoba), los derrotó bonitamente, lo hizo preso y le jaló de las barbas a su sabor, que era gran humillación para un caballero. Eso no gustó a don Alfonso, porque Ordóñez era un figurón de la curia real. Y la gota que colmó el vaso fue una algara que, por su cuenta, emprendió contra la taifa toledana como represalia por haber saqueado las tierras de Gormaz, señorío de su mujer, Jimena. Y como don Alfonso tenía en gran estima al emir de Toledo, al-Qadir, por haberle protegido durante su exilio, pues se cabreó y lo desterró. Rodrigo reunió a sus allegados y hombres de armas con ganas de hacer fortuna y se largó a la taifa de Zaragoza, donde se puso al servicio de al-Muqtadir. En ese tiempo se dedicó a batallar contra todos los enemigos del moro a cambio de su soldada: el rey de Aragón, el conde de Barcelona, las taifas de Lérida, Albarracín, Murcia, etc. Hay que decir que jamás fue derrotado, y que, contrariamente a lo que se suele pensar, Rodrigo Díaz fue simple y llanamente un mercenario.
Las hijas del Cid y los infantes de Carrión:
Ni se llamaban Elvira y Sol, ni se casaron con estos inexistentes, malvados y alevosos infantes, ni las afrentaron vilmente en el robledal de Corpes. Rodrigo Díaz tuvo tres hijos: Diego, que murió en la nefasta jornada de Consuegra al servicio del rey Alfonso con apenas 19 años, María, que se casó con Ramón Bereguer III, conde de Barcelona, y Cristina, casada con Ramiro Sánchez, nieto del rey García Sánchez de Navarra. Ambas, como se ve, tuvieron maridos muy por encima de su clase social, y ambas fueron madres de testas coronadas. Eso denota que, aunque mercenario, nuestro héroe gozaba de un inusual prestigio para ser un mero infanzón.
Eso sí, cuando ocupó Valencia se autotituló como príncipe, si bien nunca pensó en coronarse como rey, cosa que, según las leyes de la época, podía hacer sin problemas por derecho de conquista, ya que la empresa fue llevada a cabo por él mismo, y a costa de su pecunio personal.
Tras la toma de Valencia, Rodrigo muere defendiendo su ciudad contra los almorávides, y hasta gana una batalla después de muerto:
Rodrigo Díaz llevó a cabo los actos más inhumanos para apoderarse de Valencia. Llegó hasta a hacer quemar vivos a los moros que, muertos de hambre, escapaban de la ciudad. Sus mesnaderos los atrapaban y los quemaban ante los muros para quitarle las ganas a los valencianos de poner tierra de por medio o, si estaban en un estado de salud aceptable, los vendían a los trujimanes que, como buitres, esperaban en el puerto de Valencia las remesas de esclavos a buen precio. El fin de esta aberración no era otro que hacerlos rendirse por hambre. A más población, más bocas que alimentar, ergo antes se acababan las mínimas provisiones que iban quedando. Pero el mandamás de la ciudad, el caíd Ibn Jaffar, era un hueso duro de roer, entre otras cosas porque se había hecho con el poder asesinando al emir, al-Qadir, el mismo que anteriormente lo fue de Toledo. El empeño por parte de Rodrigo de apoderarse de Valencia no era otro que establecer un señorío propio, sin tener que estar bajo la lupa de la linajuda nobleza castellano-leonesa, que nunca le perdonó llegar tan alto siendo de un linaje inferior al suyo.
Los almorávides, al mando de Yusuf Ibn Texufin, fueron varias veces derrotados por Rodrigo. De hecho, nuestro héroe se convirtió en una pesadilla y una obsesión para estos moros que jamás pudieron vencerle. Nunca pusieron sitio a Valencia mientras estuvo vivo. De hecho, cuando la ciudad cayó en manos de Rodrigo en 1094 se restableció la normalidad, y allí vivió hasta que, en julio de 1099, con unos 49 o 50 años, se murió no se sabe de qué. Con todo, era una edad aceptable para morirse en aquella época. Parece ser que arrastraba ciertas secuelas de una antigua herida de lanza en el cuello, así como de una caída de caballo durante una batalla. En todo caso, nadie lo mató. Simplemente pasó al Más Allá de forma totalmente natural.
Por cierto, creo que no hace falta mencionar que lo de la batalla después de muerto a lomos de Babieca es ya surrealista, ¿no?. El genial Ibañez lo retrata de forma muy jocosa y divertida en ese dibujo, ¿verdad?
Bueno, creo que no se me escapa ningún camelo importante. Los expuestos más arriba son los más populares y significativos, así que, como se ve, ni eran tan gentil ni tan generoso ni tan magnánimo como se le ha retratado. Era simplemente el producto de su época: un hombre increíblemente audaz, extremadamente ambicioso, cruel hasta límites insospechados, desmedido, con un valor temerario y, todo hay que decirlo, enormemente carismático entre sus tropas, que lo veneraban, y un verdadero estratega que, en todas sus campañas, salió victorioso. Nadie, jamás, pudo derrotarle a pesar de enfrentarse casi siempre con ejércitos que superaban al suyo con creces. El que quiera saber algo más, pues que pregunte. O que se compre una buena biografía del héroe. Conocer su vida es bastante interesante. Hala, he dicho...








11 comentarios:
Pues ellos se lo pierden, qué carajo... Creo que es más amena la vida del belicoso infanzón que la de la Belén Esteban esa, digo yo...
Pues muchas gracias por habernos ilustrado acerca de las falacias historicas sobre el Cid que, maliciosamente o por ignoracia se han vertido....Estoy pensando en cuanta mentira nos habremos tragado en las infinitas narraciones de hechos históricos y que tenemos como ciertas.
En fin....gracias, y, como ves, te sigo visitando con el mismo interés. Feliz agosto. Primalejana
A mandá, hija mía... Por cierto, ¿es castillo o cerca urbana?
Las nuevas de Mio Cid, sabed, resonando van,
Miedo tienen en Valencia y no saben cómo actuar
El que estaba acojoado era Ibn Jaffar, entre otras cosas porque sabía que le harían pagar caro el haberse cargado al emir, enterrarlo en un cementerio de camellos envuelto en una alfombra vieja y, encima, quedarse con sus tesoros. Esto esto último fue en lo que más insistió Rodrigo Díaz cuando logró echarle el guante, para lo cual, según decían, no dudó en enterrarlo vivo en ascuas encendidas para que confesase donde tenía su hucha. En todo caso, esto es cuestionado por muchos historiadores, alegando que es una versión dada por los cronistas moros para poner de relieve la crueldad del infanzón. Aseguran pues que, en realidad, el Cid lo entregó a los valencianos para que lo juzgaran según sus leyes, siendo lapidado por asesino, felón, alevoso y chorizo.
A aumentar el mito, y bueno, a hacerlo un héore patrio, nacional, y por ende mítico y místico, contribuyó mucho el régimen, sí, el franquista, ávido de figuras que ilustrasen el ideal del perfecto caballero español... Lástima que fué a buscar un modelo que verdaderamente encajaba muy poco en las "virtudes" que este modelo había de tener. También surgió el mito de Viriato, ya sabeís, el lusitano nacionalizado español, rebelde contra el opresor estado romano (cuando faltaban mas de 1000 años para poder atisbar ni si quiera, el uso de ese gentilicio) por el mismo motivo, y así otros tantos.
También pueden vuesas mercedes comprobar como el símbolo de "La Falange" no es otro que el yugo y las flechas de los reyes católicos...
Hoy día también se siguen alimentando y sobre todo inventando mitos, a la carta por supuesto, para el goce y disfrute del político de turno, ya sea nacionalista o tradicionalista...
Otro día podemos hablar de los símbolos y de su importancia dentro de las sociedades.
Debemos tener en cuenta un detalle, Sr. Jose, y es que los conceptos éticos del siglo XI diferían enormemente de los del siglo XIX, que fue cuando de verdad los pseudo historiadores de la época empezaron a buscar mitos y ejemplos a los que seguir ante un imperio que se derrumbaba.
Un saludo
Yo hablo de fechas más recientes, y de cómo los mitos siempre se inventan para justificar un fín, y para hacer propaganda interesada sobre todo. Y digo se inventan.
Nada tienen que ver los conceptos éticos del siglo XI, ni los del siglo II, ni los del XIX, con los de ahora.
Los mitos no existen, se inventan.
Ya me dirá vuecé como es posible que haya gente que defienda fervientemente los hechos que hicieron unos reyes, milenio atrás y se sienta orgulloso de ello, sólo por el hecho de haber nacido en la misma tierra de la que el susodicho reinó.
Si lo analizas muy por encima, el tal reino suponia una série de privilégios del rey sobre el súbdito, ejercidos por mandato divino (el tan cacareado luego "por la gracia de dios", el paquito no invento nada nuevo) y cualquier gratitud con esa lejanía no puede ser otra cosa que fruto de un ensalzamiento por estas figuras, o por otras, por parte de los poderes fácticos.
Hoy día tiene usted un ejemplo en las recientes algarabías y cuestiones sobre el nacionalismo catalán y el referendum.
Realmente, ¿cambiaría mucho la vida de los catalanes en términos prácticos (sanidad, educación, economía) y culturales también, si se independizarán?
Y por otra parte, siempre he dicho que el PP es el mayor creador de nacionalistas catalanes y vascos que existe, grácias al desprecio por lo que no sea el nacionalismo español... Feo asunto este, y como siempre y desde mi punto de vista, con motivado por otros intereses no tan claros como el bienestar del ciudadano. De ahí que mantenga que los mitos se crean con un motivo propagandístico para el fin que se hayan propuesto en cada momento.
Un saludo.
Prefiero no entrar en política, Sr. Jose. Es un tema sumamente irritante, ¿no cree?
Un saludo
He usado el ejemplo del nacionalismo porque es reciente la algarabía con el tema del referendum.
Es irritante para quién se sienta afectado por ello. Para mí los nacionalismos son una lacra, todos, en tanto que surgieron como respuesta al Congreso de Viena de 1815 donde las potencias se repartieron territorios enormes donde en cada uno había un elenco amplio de culturas.
Las fronteras son artificiales y por ello los nacionalismos interesados. Únicamente la cultura y la lengua se pueden mostrar diferenciadores de las comunidades pero aún así; que importa donde empiece y acabe. Las personas emigran e inmigran y cada vez la cultura endémica va perdiendo fuerza en aras de otra más global. Si esto no se acelera aún es por la persistencia misma de esos nacionalismos rancios a hacer difenrenciaciones y a establecer al que es diferente en guetos.
Sé que no es el tema del debate, pero si lo justifico es porque los nacionalismos, y no casualmente son las figuras mas interesadas en crear mitos para su causa, porque muchos de ellos, por no decir la mayoría no se sostienen argumentalmente. Necesitan de figuras, símbolos, líderes, dogmas y demás parafernalias para darle validez, para darle peso, para crear la dimensión historica que no tienen, porque parece que de esa forma es una reivindicación ancestral, cuando no es así. Por eso digo que se crean por intereses muy concretos, y domo de concrecciones hablamos, El Cid fue ensalzado mayormente por el régimen franquista, al igual que Viriato, los Reyes Católicos y otros tantos.
Siento usar el tema político pero es necesario hablar de él para explicar algunas cosas. Aunque el mayor experto en simbología y en creación de mitos es sin duda la iglesia cristiana.
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