jueves, 16 de marzo de 2017

Algunas curiosidades curiosas sobre el origen de la Gestapo




El edificio de la foto corresponde a la sede de la Gestapo en
Berlín, ubicada en el número 8 de la calle Prinz Albrecht
Creo que, salvo los habitantes de la más profunda jungla amazónica, no debe haber mucha gente que no haya oído nombrar alguna vez a este siniestro cuerpo policial que, durante doce largos años, se labró fama de ser poco menos que un estado dentro del estado, a tanto llegó su poder. Todos hemos oído o leído cienes y cienes de veces datos sobre su implacable sadismo, su cruel arbitrariedad y su nula compasión contra todo aquel que fuera señalado como enemigo del estado, desde comunistas a católicos fervientes pasando por gitanos, homosexuales o simplemente tibios con el partido único liderado por el ex-cabo Hitler. Del mismo modo, se han formado una serie de estereotipos que, como suele pasar, tienen más de mito que de realidad, cuando no son incluso totalmente falsos. Así, la imagen que se ha propalado sobre este cuerpo policial es que estaba nutrido por unos ciudadanos con jeta de perro de presa vestidos con abrigo de cuero hasta en pleno verano, sombreros con amplias alas que proyectaban una tenebrosa sombra sobre sus caretos graníticos y, naturalmente, que andaban cortitos de entendederas, siendo meros autómatas dirigidos a distancia por la implacable mano de Reinhard Heydrich.

Miembros de la Gestapo en Francia a comienzos de 1945.
Como se puede ver, su aspecto no difiere mucho del de un
funcionario de correos o de cualquier profesional liberal
Sin embargo, la realidad era mucho más prosaica. Los funcionarios de la Gestapo eran, como la inmensa mayoría de los policías de paisano, sujetos que no se distinguían de cualquier otro ciudadano ya que, por razones obvias, sería absurdo llamar la atención ya que sus presas volarían nada más atisbar su presencia en las calles. Y de cortitos nada. Antes al contrario, muchos de sus miembros eran abogados o procedían de la policía de la república de Weimar, de modo que el personal de la Gestapo lo conformaban en su mayor parte funcionarios bastante competentes que, para colmo de males para sus víctimas, gozaban de una serie de privilegios tales como detener y enviar a un sospechoso a cualquier centro de internamiento sin tener que dar explicaciones a nadie, ni siquiera al mismísimo ministerio de Justicia, y hacerlos desaparecer sin que su familia pudiera hacer nada para impedirlo. De hecho, solo mostrar interés por tal o cual pariente o amigo que había sido engullido por la burocracia policial alemana era motivo suficiente para levantar sospechas entre los suspicaces funcionarios y ser invitado a dar explicaciones sobre sus deseos de obtener información acerca de un enemigo del estado.

El zar Alejandro III, creador de la Ojrana a
raíz del asesinato de su antecesor y padre,
el zar Alejandro II
Por otro lado, la Gestapo no fue ni mucho menos la primera ni la única policía política de su época. En primer lugar tenemos la Ojrana, creada en 1866 por el zar Alejandro III y que luego los comunistas trocaron por la GPU, luego renombrada como NKVD y posteriormente como KGB; la PVDE salazarista, luego reconvertida en la más conocida PIDE, o la OVRA fascista del inefable Mussolini, por no hablar de la BSI española durante los tiempos de la dictadura o la más moderna SAVAK creada por el último sha de Persia, se dedicaron durante décadas a mantener vigilado al personal, sobre todo a los que por algún motivo no se mostraban especialmente entusiasmados con el gobierno de su país. Pero, por otro lado, que nadie piense que las policías políticas son un invento ruso ya que, en realidad, tuvieron su origen unos años atrás y, precisamente, en un lander alemán (cómo no). Así pues, y ya que hay información sobrada sobre la Gestapo durante los años de la Segunda Guerra Mundial, dedicaremos esta entrada a dar cuenta del origen de este cuerpo policial ya que ese es un período mucho menos conocido. Hecho pues este introito, al grano pues:

Federico Guillermo IV
El siglo XIX trajo consigo multitud de cambios de todo tipo, desde tecnológicos a científicos pasando por sociales, políticos, etc. Estos últimos se manifestaron en forma de revoluciones que solían poner extremadamente nerviosos a los monarcas de la época que, inquietos ante la perspectiva de acabar como Luis XVI, tomaron la determinación en muchos casos de reprimir de forma más o menos violenta cualquier conato por parte de la población de cambiar el statu quo. De ahí surgió la necesidad de crear una fuerza policial dedicada exclusivamente a controlar los elementos subversivos sin tener que perder su tiempo en perseguir cacos, asesinos o violadores que podían ser tenidos a raya por la policía convencional. Era más que evidente que solo una policía dedicada en cuerpo y alma a las labores de investigación, infiltración e intoxicación y provista de abundantes medios tanto humanos como económicos podía hacer frente a una empresa semejante, y más si tenemos en cuenta que lo que estaba en juego era la estabilidad de la nación.

Karl Ludwig Friedrich von Hinckeldey
La revolución de 1848 supuso un enorme revulsivo en Europa y concretamente en Alemania, donde Prusia se acabó convirtiendo en el reino más poderoso tras la unificación con otros territorios que, mirando un mapa de la época, redujo los estados alemanes a solo dos: la citada Prusia y Baviera, cuya capital era Munich. Los rescoldos de la revolución dejaron bien claro al rey Federico Guillermo IV que era vital para su gobierno controlar y, mejor aún, liquidar cualquier conato de rebelión llevada a cabo contra el estado por elementos subversivos que podrían encontrar eco entre la población. Así pues, el 18 de noviembre de 1848 se constituyó una policía secreta dirigida por Karl von Hinckeldey, un aristócrata que contaba con la protección personal del monarca y que, todo hay que decirlo, se ganó gran cantidad de enemigos durante el ejercicio de su cargo como Generalpolizeidirektor de la Preußische Geheimepolizei (Policía Secreta Prusiana), también conocida por sus siglas PGP. Los poderes que Federico Guillermo otorgó a von Hinckeldey superaban a todo lo visto hasta el momento en una fuerza policial ya que no debía dar cuenta ni siquiera al ministro del Interior o al de Justicia, por lo que su poder estaba en la práctica solo bajo el del mismo monarca. Sin embargo, la gran cantidad de enemigos que se buscó durante el ejercicio de su cargo le supuso verse cesado el 10 de marzo de 1856 a raíz de un duelo a pistola contra Hans von Rochow, el cual le endilgó un balazo que lo dejó seco sin más historias.

Grabado que muestra el Proceso de Colonia
No obstante, la labor llevada a cabo por von Hinckeldey fue muy notable ya que no solo creo una fuerza muy capacitada que llegó incluso a infiltrar topos en las cerradas organizaciones comunistas y anarquistas de la época, sino incluso a establecer una eficiente red de contraespionaje que logró contrarrestar las constantes conspiraciones urdidas por los gobiernos de Francia e Inglaterra contra Prusia, que ya en aquellos tiempos andaban a la greña hasta que la Gran Guerra dejó de lado las dobleces y los miramientos para darse estopa tras décadas de disimulo. Pero este tipo de misiones no era posible de llevar a cabo rigiéndose por caballerescos principios morales y éticos, así que von Hinckeldey no dudó en aplicar los métodos más expeditivos para salirse con la suya, desde fabricación de pruebas falsas a detenciones e interrogatorios arbitrarios que iban más allá de lo legalmente permitido. Uno de sus mayores logros fue el desmantelamiento de la Liga Comunista de Prusia, lo que se llevó a cabo en Colonia en 1852, tras un proceso en el que veinte miembros de la liga fueron acusados de traición, eso sí, gracias a mogollón de pruebas y testigos previamente preparados. En todo caso, la cuestión es que se libraron de la amenaza comunista y la policía secreta ganó mucho prestigio gracias al citado proceso.

Los grupos paramilitares armados hasta los dientes eran uno
de los principales objetivos a batir por la policía política
durante la turbulenta República de Weimar
Con el paso del tiempo, los diferentes gobiernos de Alemania mantuvieron activa la añeja policía secreta prusiana, solo que cambiando los objetivos a batir en función de las circunstancias políticas del momento. Al cabo, los políticos se dan muchos golpes de pecho clamando por los elevados principios de la democracia y tal, pero siempre es necesario recurrir a las cloacas del estado cuando hay que quitar de en medio a alguna mosca cojonera que hace tambalearse al gobierno de turno. Así, tras la Gran Guerra y la abdicación del káiser Guillermo que puso fin a la monarquía germánica, la República de Weimar siguió manteniendo operativa la policía secreta si bien entonces para perseguir a los grupos radicales de extrema derecha y extrema izquierda, los belicosos miembros de los freikorps y a un pequeño partido originario de Baviera que, aunque con pocos miembros, incordiaban bastante. Dicho partido, nacido como Deutsche Arbeiter Partei, el Partido Obrero Alemán, se había mutado en el NSDAP, el Partido Obrero Alemán Nacional Socialista, dirigido por un ex-cabo del ejército imperial que daría mucho que hablar de allí en adelante. En aquella época, hacia 1925, la antigua Preußische Geheimepolizei fue rebautizada como División I A, quedando bajo el control de la policía del estado y el ministerio del Interior. Hasta el advenimiento del partido nazi al poder en enero de 1933, su misión fue más de investigación e infiltración a fin de anticiparse a los movimientos de los aguerridos partidos radicales de la época, especialmente los nazis.

A raíz de la ascensión al poder de Hitler, este nombró ministro del Interior de Prusia al inefable Hermann Göring, lo que le permitió tomar el control de la División I A. En febrero de aquel mismo año se llevó a cabo la depuración de rigor ya que, como podemos suponer, muchos de sus miembros no estaban especialmente contentos con la llegada al poder de los nazis a los que habían perseguido durante años. Así pues, tras mandar a su casa o al trullo a 1.457 funcionarios de dudosa fidelidad política, Göring encargó la reestructuración del cuerpo a un joven abogado de 33 años por nombre Rudolf Diels que, además de ser un nazi convencido y un putañero redomado, acabó convirtiéndose en su pariente tras casarse con Ilse, la viuda de su hermano menor Karl Göring, que había palmado en Hannover en octubre de 1934 con apenas 47 años. En la foto de la izquierda podemos ver a nuestro hombre en plan heroico durante los primeros tiempos del partido. En el cuello luce la Orden Pour Le Mérite ganada durante la Gran Guerra como piloto de caza con 22 derribos confirmados.

Rudolf Diels. Las numerosas cicatrices que luce
en la jeta las obtuvo, como tantos otros nazis de
aquellos tiempos, por los duelos a espada de
su época estudiantil
Diels era en realidad un trepa de tomo y lomo. De hecho, en los últimos tiempos de la República de Weimar era él mismo el que dirigía la División I A, pero precisamente por su conocimiento de los entresijos de la misma Göring no dudó en mantenerlo al frente de la organización ya que, como prueba de buena fe, le hizo entrega de todos los expedientes secretos en los que aparecía información de todo tipo sobre los jerarcas nazis incluyendo al flamante ministro del Interior. El personal depurado fue sustituido por miembros de las SS y las SA, y la sede de la nueva División se ubicó en un antiguo centro cultural situado en el número 8 de la calle Prinz Albrecht, pasando a ser el lugar más temido de toda Alemania porque entrar en él no garantizaba en modo alguno salir. Además se recuperaron unas antiguas instalaciones ferroviarias situadas en Papestraße que se emplearon como centro de detención de las SA y donde se llevaban a cabo los brutales interrogatorios que tan siniestra fama dieron a esta organización. En su meticulosidad germánica, tras mantener retenido a un ciudadano durante días, semanas o meses durante los que recibía un trato muy desagradable sin posibilidad de ejercer ningún tipo de derecho civil, obligaban a los que tenían la suerte de ser liberados a firmar una especie de cláusula de confidencialidad por la que juraban no decir nada de lo padecido, visto y oído durante su detención. De faltar a su palabra las consecuencias ya podemos imaginar como serían.

La prisión de Papestraße en la actualidad. En su interior se
han conservado los calabozos y se ha creado un museo
que muestra a público como las gastaban estos personajes
Tras la reorganización llevada a cabo por el eficiente Diels, el 26 de abril de 1933 fue creada oficialmente la nueva policía política bajo la denominación de Geheime Polizeiamt, Oficina de la Policía Secreta, cuyas siglas, GPA, fueron rápidamente desechada por su similitud con las de la GPU soviética. Así pues, adoptaron el de Geheime Staatpolizeiamt, cuyo acrónimo, Gestapa, quedaba como más molón y menos bolchevique.  Al parecer, el nombre fue idea de un funcionario de correos que estaba diseñando un sello para la nueva organización. Finalmente se suprimió el término amt (oficina) y se quedó en el Geheime Staatpolizei o Gestapo que todos conocemos. Por cierto que la recién nacida Gestapo aún no tenía jurisdicción en toda Alemania ya que, de momento, su poder estaba limitado a Prusia. En Baviera, donde Himmler había sido nombrado Polizeipräsident en marzo de aquel mismo año de 1933, el jefe de las SS quiso crear una policía política similar que puso al mando de Heydrich, su mano derecha y jefe del SD. Esta unidad, denominada como Bayerische Politische Polizei o Bay-Popo, tuvo el dudoso honor de ser la que fundó el tristemente famoso campo de concentración de Dachau,  cerca de Munich.

Wilhelm Frick. Acabó ahorcado en
Nuremberg por criminal de guerra
En fin, así es como surgió la temible Gestapo. No pasó mucho tiempo hasta que su poder se extendió por todo el territorio alemán, pero eso ya es otra historia. Hoy tocaba solo narrar como fue creada esta institución cuyo nombre, por cierto y para los que lo desconozcan, debemos pronunciar como "guestapo" y no como "jestapo", que es como muchos suelen llamarla porque es como suena en español. Como colofón, añadir que en 1934 obtuvo un status jurídico que convertía a esta organización en un ente aparte que solo debía dar cuenta de sus actos a un ámbito superior a la misma Gestapo, o sea, que solo Heydrich, Himmler o el mismo Hitler eran los únicos que estaban por encima de ellos a pesar de las protestas y los continuos intentos que Wilhelm Frick, ministro del Interior del Reich, hizo por limitar su enorme poder.



Algunas curiosidades de regalo:

Schacht fue uno de los tres jerarcas
nazis absueltos en Nuremberg
1. El sueño dorado de la Gestapo era tener fichados absolutamente a todos los ciudadanos del Reich, o sea, disponer de información personal de todo tipo, especialmente de naturaleza política como es lógico. Para ello se valían de medios propios de película de espías ya que introducían en las familias que querían investigar personal de servicio que en realidad eran miembros de la Gestapo, o colocaban micrófonos presentándose como empleados de la compañía telefónica. Aunque fuesen personas cuya lealtad estuviera por encima de todo comentario, si eran importantes se convertían en motivo de investigación "por si acaso". Por ejemplo, el mismo Hjalmar Schatch, ministro de Economía del Reich entre 1934 y 1937, descubrió un micrófono colocado en su despacho por una de sus criadas que era agente de la Gestapo. La puñetera grababa todas las conversaciones que tenían lugar cuando el ministro recibía visitas.


El SS Gruppenführer Heinrich Müller. Se le
dio por muerto en los últimos días de la
guerra, pero jamás se pudo comprobar
2. No existe en el planeta una burocracia más minuciosa y compleja que la que pueda desarrollar un alemán, así que en 1939 trasladaron el papeleo al 116 de la Kurfürstraße, donde instalaron un sistema de archivo que contenía más de millón y medio de fichas. La información se movía por dentro del edificio mediante correo neumático, así que estaban a la última. Este sofisticado método fue ideado por Heinrich Müller, jefe de la organización desde 1939 hasta el final de la guerra.

3. En el archivo de la sede de la Prinz Albrechtstraße se instaló un archivo circular con capacidad para medio millón de fichas. Este archivo estaba destinado a contener los datos de personas de cierta relevancia, y gracias a su motor eléctrico podía ser manejado por un solo funcionario que obtenía en un periquete la ficha solicitada

4. Cada ficha estaba marcada por una banda en el lado izquierdo que, según el color, pertenecía a una categoría determinada. Los señalados con una banda roja eran los integrados en la categoría A1, que eran los que debían ser detenidos sin pérdida de tiempo en caso de movilización general. Los que estaban marcados con una banda azul eran de la A2, que serían detenidos cuando se anunciase oficialmente la movilización y, finalmente, los que tenían en su ficha una banda verde, los A3, eran sujetos que aunque no se les consideraba especialmente peligrosos podían ser objeto de vigilancia en caso de verse el estado bajo alguna circunstancia crítica. A la derecha de cada ficha también había otra banda, en este caso para señalar si era comunista, terrorista o alguien especialmente agresivo o peligroso.

El competente personal del Salón Kitty
5. Heydrich creó el Salón Kitty, un famoso putiferio en el que funcionarias especialmente hermosas se ponían a disposición de su selecta clientela formada por diplomáticos, políticos y militares a los que aquellas valquirias no tenían problemas para sonsacarles información de todo tipo. El Salón Kitty estaba atiborrado de micrófonos hábilmente disimulados en su elegante decoración que, naturalmente, proporcionaban una suculenta información que pasaba inmediatamente a nutrir los expedientes del personal.

6. La Gestapo, que oficialmente era uno más de los departamentos del RSHA, estaba a su vez compuesta por seis secciones subdivididas a su vez  por una serie de departamentos que lo controlaban absolutamente to-do, desde la emisión de pasaportes y tarjetas de identidad al control del espionaje, el sabotaje, la previsión de atentados, la prensa, las confesiones religiosas, los extranjeros o las cuestiones económicas de la organización. En total, nada menos que 28 departamentos. La complejidad de la maquinaria policial nazi, que además de la Gestapo incluía la Kripo, la Sipo, la Orpo, el SD, etc., era de tal envergadura que durante los juicios de Nuremberg ni siquiera miembros de la jerarquía de las SS fueron capaces de poner al corriente al tribunal de toda aquella telaraña de negociados, oficinas, secciones y departamentos.

Bueno, vale por hoy. Es hora de rellenar el buche con algo razonablemente consistente.

Hale, he dicho

8 comentarios:

Mabri Briones dijo...

sus trajes verdad que vagamente recuerdan a las series de detectives de los años 60 u 80

Amo del castillo dijo...

Aspecto de gente corriente y moliente, ya le digo

nathan hale smith patton dijo...

Humm pues para algunos (incluyendome) me da la pinta de investigador o de mafioso y no de alguien corriente XD

Amo del castillo dijo...

Vea cualquier película rodada en los años 30 o40 y verá que el personal que aparece en la misma viste exactamente como los de la foto

Fantasma de la Opera dijo...

Señor Amo del castillo, nada más lejos de mí que erigirme en corrector de estilo y redactor, pero me he reído mucho con este texto, del cual saco los siguientes extractos:

"Hecho PUES este introito, al grano PUES:"

"...establecer una eficiente red de CONtraespionaje que logró CONtrarrestar las CONstantes CONspiraciones urdidas por los gobiernos de Francia e Inglaterra CONtra Prusia..."

que no sé si lo hace a sabiendas para darle un giro humorístico, sumándolos a los numerosos juegos de palabras, metáforas y frases hechas de estilos pretendidamente arcaicos con que jalona Vd. sus composiciones.

Un saludo.

nathan hale smith patton dijo...

lo haré
osea que ya desde mucho antes de la primera guerra mundial los alemanes no le tenían ojos buenos al comunismo?
también en Francia (Dios maldiga al enano corso) eran alérgicos al comunismo? (comuna)

Amo del castillo dijo...

Lo primero es una mera redundancia que se me ha escapado. La segunda no veo que tenga nada de especial, la verdad

Amo del castillo dijo...

Ningún gobierno quería el comunismo, como es lógico. Si triunfó en Rusia fue por los grandes errores cometidos por el zar. De no ser así, es más que probable que semejante ideología nunca hubiese llegado a nada, como ocurrió con el anarquismo