domingo, 4 de marzo de 2018

La armada imperial de Roma. Rangos y oficios




Los que ya peinen un porcentaje de canas bastante elevado o incluso no tengan nada que peinar como no sea el bigote, quizás recuerden aquellos anuncios que invitaban a los jóvenes a alistarse en la Armada y hacerse un futuro aprendiendo un oficio durante el tiempo de servicio. "¡Muchacho, la marina te llama!", decían... ¿Lo recuerdan? Bueno, si a los romanos le hubieran incitado con un eslogan similar se habrían muerto de asco esperando candidatos porque, como ya comentamos en una entrada anterior, estos probos ciudadanos eran más de secano que un campo de garbanzos. Por otro lado, la estructura jerárquica de la marina imperial era diferente a la del ejército y, además, fue cambiando a lo largo del tiempo de forma que tanto sus mandos como las tropas tenían una organización bastante diferenciada de sus colegas terrestres. Veamos pues como funcionaban estos hombres que, a lo tonto a lo tonto, tuvieron un protagonismo de primera clase tanto en la creación como el sostenimiento del imperio por los motivos que ya anticipamos en la primera entrada de esta serie náutica y que, sin embargo, son más desconocidos que la ética y la moral en un político. Veamos pues...

En el abordaje tomaban parte tanto la infantería de marina
como los marineros de la nave. Los remeros permanecían
en sus puestos, prestos a efectuar las maniobras que se
les ordenasen
Ante todo debemos tener en cuenta las distintas clases de tropas embarcadas. En primer lugar tendríamos los NAUTÆ, o sea, los marineros. Pero no solo se dedicaban a las labores propias de su oficio en lo tocante al manejo de la nave, sino que iban armados y tomaban parte en los combates si llegaba el momento de intercambiar opiniones con los enemigos. Por otro lado tenemos lo que hoy día llamamos infantería de marina, legionarios que solo actuaban cuando había que combatir y que eran denominados MILITES CLASSIARII, es decir, militares de la flota. Estas eran tropas del ejército regular que simplemente eran embarcados para luchar sobre mojado. Los romanos consideraban, al menos en los primeros tiempos del Principado, como algo deshonroso el hecho de ser enviados a servir en una galera, así que no había precisamente bofetadas por apuntarse. De hecho, lo consideraban incluso como una forma de castigo e incluso muchos eran enviados como MILES CLASSIARIVS por mal comportamiento. Finalmente estaban los REMIGES, los remeros, que como ya se explicó en su momento no eran en modo alguno los forzados que salen en las pelis echando los bofes dándole al remo ni eran encadenados en los momentos previos al combate. Antes al contrario, eran gente disciplinada a los que no había que animar a golpe de látigo para que cumplieran con su deber. No obstante, lo cierto es que eran lo más bajo del escalafón, soliendo alistarse para este oficio ciudadanos de baja estofa, libertos o hombres reclutados en provincias con una larga tradición marinera, que solían ser los que mejor rendimiento daban y que eran llamados SOCII NAVALES. No obstante, cierto es que en caso de necesidad se recurría a esclavos, pero no como una condena, sino para cubrir vacantes cuando no había bastante personal para ello. En todo caso, a comienzos del Principado los tripulantes que ostentaban la ciudadanía romana eran prácticamente los infantes de marina, mientras que la marinería y los remeros eran casi todos de Asia Menor, Tracia, Bitinia, Egipto y Siria, provincia esta última que solía dar los mejores en su oficio.

Tal que así serían los puertos de las CLASSIS PRÆTORIA de Milvio o Rávena
Con todo, con la llegada del Principado se fueron formando legiones destinadas a servir en la marina en vez de optar por la costumbre de enviar a los desechos del ejército a las mismas. A medida que iba pasando el tiempo incluso se prefirió nutrirlas con hombres procedentes de las provincias, especialmente de Cerdeña, Córcega, Panonia y Dalmacia, cuyos habitantes eran gentes que durante generaciones habían estado en contacto con el mar, reservando los romanos con pedigrí para las legiones terrestres. Eso no era óbice para que, si era preciso, las legiones embarcadas fueran transferidas a un ejército de tierra para combatir junto a sus colegas en cualquier batallita molona. En realidad, las legiones destinadas a las flotas de Rávena y Miseno, acampadas en las cercanías de cada una de sus bases, no perdían el tiempo mientras no navegaban, siéndoles confiadas las misiones más variopintas para que no se amorcillaran en sus campamentos.

BALLISTARI arrojando una pella incendiaria. Una de esas bolas
ardientes bien colocada en una nave enemiga podía decidir el combate
Por poner algunos ejemplos, en tiempos de Clau-Clau-Claudio se acantonaron dos cohortes de MILITES CLASSIARII en Puteoli y Ostia para hacer de bomberos (por si alguno no lo sabe, el primer cuerpo de bomberos organizado ex-profeso como tal fue obra de Marco Licinio Craso si bien de forma nada altruista, sino todo lo contrario), mientras que otros eran enviados a un CASTRVM en Roma donde tenían la misión de transportar los envíos de armas procedentes de las FRABRICÆ, así como su custodia desde el puerto de Ostia remontando el Tíber en botes. Por otro lado, cuando eran agregadas a los ejércitos convencionales solían ser empleados como exploradores, descubriendo tierra por delante de sus compañeros mientras eran apoyados y cubiertos por la caballería en caso de un repentino ataque. Del mismo modo, se sabe que tomaban parte en labores de fortificación y/o construcción de CASTRA. Como vemos, eran unos sujetos asaz polifacéticos. Añadir que las legiones creadas para servir en la marina solían recibir el mote de CLASSICA (naval) o ADIVTRIX (ayudante) en referencia a que podían ser agregadas a los ejércitos de tierra.

MILES CLASSIARIVS y OPTIO
Bien, este era el personal embarcado cuya estructura permaneció prácticamente inalterable. Solo a partir de Otón, el sucesor de Galba, las tropas embarcadas empezaron a ser consideradas en un nivel cada vez mas igualitario que las de tierra, llegándose incluso a alistar ciudadanos con ocho apellidos romanos si bien por cuestiones prácticas, los mandamases siguieron prefiriendo SOCII NAVALES por considerarlos más adecuados para combatir en el mar. En resumen, que ya podemos irnos olvidando de esa imagen de todos los legionarios de una flota con aspecto de latinos de pelo castaño y piel clara ya que la inmensa mayoría eran sujetos procedentes de razas de piel más oscura o incluso negros. Es lo que pasa con los estereotipos, que cuesta trabajo sacarlos del magín, pero lo cierto es que si nos paseásemos por una trirreme en tiempos de Nerón veríamos pocos romanos salvo en los mandos. El resto pertenecerían a las más diversas culturas si bien para facilitar la comunicación solían agrupar en el mismo barco hombres de zonas donde primaba la cultura helenística o bien la romana. Y si alguno se pregunta cómo los mandos, todos romanos, se hacían entender con el resto del personal, recordemos que entre los patricios romanos el griego era como para nosotros el inglés, todos lo hablaban sin problema y, de hecho, muchos de los historiadores que nos han legado los entresijos de la marina de Roma lo hicieron en griego o usaban términos griegos para las cuestiones técnicas o para designar a los distintos tripulantes. Por ejemplo, los MILITES CLASSIARII eran denominados como έπιβάται (epibátai), nombre que los probos helenos daban a los hoplitas que eran destinados a servir en las naves de guerra, o sea, infantes de marina. Los remeros eran llamados ερεται (eretai), y los marineros ναυται (nautai).

BALLISTARII cargando su MANVBALLISTA
En cuanto a los mandos, aquí si encontramos más discrepancias respecto a las legiones convencionales. Antes del Principado, la flota estaba al mando del NAVARCHA (recuerden, en latín CH se pronuncia K), un palabro también de origen griego. Una vez llevada a cabo la reforma de tiempos de Augusto, cada CLASSIS PRÆTORIA era mandada por un PRÆFECTVS, por lo que tenemos a dos de ellos, uno en Miseno y el otro en Rávena. Estos PRÆFECTI debían pertenecer al orden ecuestre, y estaban bajo el mando directo del césar. Los segundos al mando eran otros dos SUBPRÆFECTI que, por lo general, también pertenecían al orden ecuestre si bien no era obligatorio, y a ser posible con un mínimo de conocimiento o instrucción militar. Cuando se crearon las CLASSIS PROVINCIALIS, estas también fueron puestas bajo el mando de sus respectivos PRÆFECTI pero con un rango jerárquico inferior ya que dependían en este caso de los que mandaban en cada CLASSIS PRÆTORIA. En tercer lugar en la escala de mando tenemos a los PRÆPOSITI, oficiales subalternos nombrados por los PRÆFECTI para mandar las fracciones de la flota o VEXILLATIONES que eran enviadas a los puertos auxiliares. 

CENTVRIO CLASSIARIVS (c. siglo II d.C.)
Finalmente estaban los centuriones que, en este caso, eran denominados como CENTVRIONES CLASSIARII, o sea, centuriones de la flota que, como ocurría con las tropas a su mando, tenían menos categoría que sus colegas terrestres. A lo largo del tiempo fue variando el estatus de estos oficiales, lo que solo se sabe a través de diversas estelas funerarias de probos militares que desempeñaron este oficio, así que tampoco es que podamos tener una certeza absoluta en lo referente a épocas y nombres. En todo caso, los centuriones ostentaban el mando de 100 hombres, como sus colegas de las legiones convencionales. Al parecer, solo a partir del siglo II d.C. fue cuando su categoría fue equiparable en ambos cuerpos. Es más, durante el reinado del emperador Antonino se crearon tres clases de centuriones superiores a los CLASSICII de siempre. Los de rango más elevado eran denominados como NAVARCHI ORDO TERTIVS, que ejercían el mando de una flota y siendo jerárquicamente equiparables a los PRÆPOSTI y los PRÆFECTI de las CLASSIS PROVINCIALIS. En segundo lugar estaban los pertenecientes al ORDO SECVNDVS al mando de flotas pequeñas, y por último los del ORDO PRIMVS, que estaban al mando de una sola nave. Por debajo de ellos, como ya hemos dicho, permanecían los CENTVRIONES CLASSICII. Sí, ya sé, es un poco lioso, pero es lo que hay. De todas formas, cuando uno se lo lee 36 veces ya se empieza a ver claro. 

Músicos y portaestandarte de una nave romana
Bueno, esta era la escala de oficiales. Los suboficiales eran los OPTIONE que conocemos sobradamente, los músicos, en este caso TVBICINES y CORNICINES, los SIGNIFERI o portaestandartes, y con estos se terminaban los tripulantes pertenecientes al ejército propiamente dicho, porque el resto eran marineros o funcionarios de las CLASSIS PRÆTORIA. Así pues, entre los subalternos dependiente de la marina tenemos el cómitre o HORTATOR, que era ayudado por un SYMPHONIACVS que tocaba algún instrumento para llevar el ritmo de la boga. El imprescindible timonel o GVBERNATOR y el PRORETA, el segundo timonel. Los BALLISTARII, que eran los servidores de las piezas de artillería de a bordo, a los que habría que añadir dos médicos y dos VICTIMARII, que eran los encargados de ayudar al sacerdote (sí, tenían capellanes castrenses y todo) en el sacrificio previo al combate que, caso de no ser propicio, hacía que dejasen la batalla para otro día porque los romanos eran supersticiosos a más no poder. Los encargados del mantenimiento de la nave también estaban perfectamente enumerados en los roles de cada nave, teniendo sus calafateadores o CŒMENTARI, carpinteros o FABRI NAVALIS, los VELARII, que fabricaban y reparaban las velas y, por supuesto, el DISPENSATOR CLASSIS, el pagador, figura de vital importancia a final de mes.

DIPLOMA de Lucio Bennio Beuza, que
sirvió en la flota de Rávena ( 100 a.C.)
Como colofón, mencionar que el período de servicio era de 26 años, elevándose hasta los 28 en tiempos de Trajano si bien a partir de los 26 recibían doble paga. Una vez concluido su contrato militar se convertían en VETERANVS, recibiendo su DIPLOMA que daba fe de que había servido como Júpiter manda al glorioso césar de turno. Según los ejemplares que han llegado a nuestros días, estaban formados por dos láminas de bronce unidas como si fuera un cuaderno. En la cara exterior se grababa una especie de sinopsis de toda la retahíla que venía en el interior para facilitar una lectura rápida del documento. Dentro se especificaba quiénes eran los testigos de la licenciatura y, a partir del reinado de Caracalla, en agradecimiento a los servicios prestados y por una suma de dinero, se le concedía la ciudadanía tanto a él como a sus hijos, y se daba el estatus de mujer legítima a su concubina porque, como ya sabemos, no tenían permitido casarse aunque todo el que quería o se atrevía podía tener su pareja. Una copia del DIPLOMA era enviada a Roma y depositada en el TABVLARIVM (archivo) para que quedara constancia para siempre jamás. Eran la hostia de organizados estos sujetos, ¿que no?

Bueno, estos eran los hombres que tripulaban las naves de la invicta Roma. Como hemos podido ver, su organización jerárquica eran asaz compleja y meticulosa, lo que era imprescindible para mantener el orden adecuado en una flota formada por los cientos y cientos de naves que vigilaban celosamente que nadie sacase los pies del tiesto en el MARE EIVS, que para eso era de ellos.

En fin, ya seguiremos.

Hale, he dicho


4 comentarios:

Cesar Sebastian dijo...

Par los que no peinan canas, sino que mantienen un pelo frondoso y negro como ala de cuervo.

El anuncio o mejor dicho , uno de los anuncios en cuestión.
https://www.youtube.com/watch?v=dxel2eOYR3Y

Amo del castillo dijo...

Así es. Ese era uno de los anuncios en cuestión, que tienen ya más de 40 años a cuestas. Qué asco, como pasa el tiempo, carajo...

dani dijo...

Muy interesante el artículo. Y una preguntita ¿También era de metal la copia que se enviaba a Roma? Supongo que no, porque no creo que fuera necesario. Pero si era así, el día que decidieran hacer limpieza de expedientes viejos alguno se tenía que forrar.

Amo del castillo dijo...

Al parecer sí. Al cabo, las legiones de ratones y polillas que habitarían en los archivos del estado acabarían con un pergamino o un papiro en menos que canta un gallo, así que lo mejor era usar materiales poco apetecibles para la fauna devoradora de documentación. En Itálica se conserva una plancha de bronce de buen tamaño, casi un metro de largo si mal no recuerdo, en la que solo se anunciaba una norma que salió en tiempos de Trajano más o menos que limitaba el precio de los gladiadores que, al parecer, se habían encarecido una burrada, impidiendo cifras superiores a los 30.000 sestercios. En fin, estos probos ciudadanos eran unos burócratas de primera clase. ¿De dónde si no nos proviene a los españoles esa desmedida adoración por el papeleo?

Un saludo